28.7.11

**Canto, plumaje y tamaño**



Desde pequeños, nos olemos, observamos, con suerte, palpamos; compartimos la belleza de otros y, si la cosa supera la química, incluso las tristezas. Hombres y mujeres, trastornándonos unos a otros, relamiendo nuestras heridas con el siguiente, azotándonos con imposibles o soltando una y otra vez eso de “ahora solo quiero amigos”, ¡cómo si Cupido cediera tal decisión!

Piensen en el Tetrao urogallus, vamos, el urogallo cantábrico, con lo que gustamos las lechuzas de un buen ibérico del norte, curado a orillas del mar… Ellas, las urogallas, creen que eligen al guapetón de turno porque sí, ja; ahí están los estudiosos del pajarito para romperles el orgullo femenino con eso de que “todas sois iguales”, porque todas son seducidas por los que mejor cantan, los de plumaje más brillante y lustroso y lo del tamaño no sé exactamente por dónde viene, mas parece que realmente importa en el mundo animal. Pero, lo que es más importante, no solo triunfa el que posee tan dignas cualidades, sino que debe saber lucirlas; conclusión: el chulito de los urogallos. Así, han conseguido la mejor selección genética en estas avecillas tan simpáticas y de apetencias similares y sorprendentes.

Dicen que las españolas estamos entre las más estresadas y que la tasa de natalidad ha descendido tanto que tenemos que mirar más allá del año 2003 para encontrar una similar, ¿tendrá algo que ver con la calidad de nuestros urogallos patrios o con nuestras amistades trasnochadas e indecisas?

Por fin, estoy feliz de nuestras imperfecciones, lechucillas, esas que nos entregan a las taras de los que pueden entender El arte de amar, de los voluptuosos, arrepentidos, torcidos, de esos que no pueden volver al no amarnos, frágiles dioses que nunca se arrepentirán de no habernos besado, lascivos, oscuros, urgentes…

21.7.11

**El más palo de todos los insectos**




Me han desbaratado el mundo, lo no novedoso es que el culpable es un bicho, que entre los bichos y las bichas no hay lechuza que escape al jaleo. Y podía ser una luciérnaga, preciosa “vagalume”, que haría más bellas y sabrosas mis noches, a pesar de su perversidad, pues los machos solo brillan cuando son molestados y ese es un arte lechucil que dominamos y sometemos; virtud curiosa y lisonjera la de estos ojos curtidos de mucha noche.

Mas no, el insecto es un palo y no hay puntito de la i ni Perico que lo solucione, imagínense: un millón de años de pura asexualidad y siguen por ahí, viviendo, comiendo y muriendo sin más. Esto no lo supera ni el más cándido de nuestros lechucillos, que, aún perdidas las buenas costumbres carnales, ve en el verano tiempo propio de ayuntamientos y holganzas apasionadas.

Volvamos al palote, de Timema es la especie que se clona y en la que las hembras no se libran de poner huevos a imagen y semejanza de los anteriores. Hechas para sufrir puestas y aguantar sin sexo al mismo macho, una y otra vez, como hijo, padre, abuelo y compañero… Señores, definitivamente, hemos encontrado el infierno femenino en la Tierra, pero sin cuernos ni fuego ni instrumentos raros ni na. Eso sí, todos bien erguidos y duritos, sin vicios y con vírgenes parturientas. El jardín de las Delicias por dónde dicen que queda, con sus dulces riberas, frutitas lascivas y pajaritos cachondos.

Quién no se ha topado con un palo, un bicho o un clon…

14.7.11

**Están locos estos romanos**



Tenemos para todos y todo, italianos, españoles, latinos varios… y lo cierto es que no hay camino que no nos conduzca a Roma, pero a la de Nerón, con fuego incluido. Lástima de los artificiales, que el artificio está entristeciendo las pocas alegrías que algunas se dan. Van y dicen que son tóxicos esos amigos que agitan las noches femeninas, ¡hombre, ya! Lo siento por las que palpitan por las ondulaciones no emocionales, no los iban a fabricar perfectos en un mundo de defectuosos y lechuzos raritos.

Otros a los que decir adiós, ay, olvídate, amiga, de esos amores de novela mudos, desnudos, de palabras, de sentidos, de tacto y de gomas varias. Por lo menos, el cuero, pendientes y las tachuelas no engañan, duelen porque duelen y tienen que doler… pero los que van de blanditos y terminan por ser chulitos no interesan, se quedan sin batería a la menor.

Lo que nos puede ayudar de los que hipnotizan con ternuras es que son una pena debajo del traje de romano, qué lástima de piernicas, qué pena, y lo dice una lechuza de más pechuga que patas… pero bien formada y sin hacer sufrir.

Poco a poco, y así de veras, las lechuzas se hacen fuertes, sobreviviendo a venenos, fuleros de pacotilla y a corazones que ni comprenden ni bailan al ritmo. Somos una raza de latinas formidables que se encuentran mejor hoy que nunca y buscan caminos. Qué se preparen los romanos, esta invasión va a ser bárbara y no hay rezos que los salven de caer en nuestro mundo al revés. ¡Qué voy a contarte, olvida a quien ni tú conoces!

7.7.11

**Entre el segundo y el cuarto...**



Sí, está el tercero, pero no se me adelanten, que no me iba yo tan lejos, a pesar de que quien me conoce bien sabe que soy de pirrarme por los quintos, ¡tan buena cima! Esta semana me he vuelto vulgar, pasando de lechuza a gorrioncilla común, pues vamos a contar dedos...

No me sean de mente oscura, o solo un poco, que los dedos que ganan, solo mis palabras, son los masculinos (¿esto lo mejora?). Señores lechuzos, yo tiro al monte y en el campo... el tamaño importa, algo, por eso los veo mirándose las manos, los dedos segundo y cuarto, pues su ratio, que linda palabra, es el único fiable para intuir el tamaño del miembro más viril de los masculinos, que bien sabido es que el femenino es más de cabeza, aún. Nuestro punto “climático” se esconde bien arriba, donde hay más que alegría.

Los sabios científicos medidores de dedos y penes han observado, constatado, comprobado y regalado al mundo que una alta concentración de testosterona conlleva que los dos deditos se asemejen, con lo que el feto de urgente actividad testicular y dedos de igual tamaño también lo usa todo largo y erguido.

El único problema del estudio es que todo esto se comprobó con participantes de raza asiática, que ya sabemos que son chiquitines y más secos, pero pensemos que el cachondo latino no se alejará de esos seres humanos de Oriente y querrá ganarles tanto en dedos como en estatura.

Anular, índice, tamaño del pie, del pene... este es un lío de narices (votamos por las grandes), ¿cambio abanico por metro o empiezo a medir dedos? Me quedaré con mi palma, que tanta trucha ha medido y es más salvaje.

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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