19.2.10

**Gracias por fumar**


Por ese gris en tu mirada, por los aromas a madera, el amarillo en tu aliento...

Será sensual la forma de agarrar un pitillo, será interesante la comisura de los labios de una mujer fatal, será... digan lo que digan, un vicio egoísta y desagradable, un gasto en el mal ajeno y propio al que las mujeres nos hemos asociado más incluso que a nuestras devotas labores.

Si destacamos entre tanto lechuzo por una poco común inteligencia, siempre que exceptuemos a las lechucillas de bolso codero estilo Tamara, o sea Preysler; se escapa de mi razón, la que me queda, esta costumbre femenina de apropiarnos todo lo que los grandes imperios de machotes adaptan para nosotras: si el tabaco era negro y se mascaba... que se lo traguen ellos, ni rubio ni camellos ni dromedarios, que mis dientes me gustan blancos y mi pelo más dorado que ceniza.

Sí, fumando aparentas dureza y te rodea una pestilente superioridad, mas es tan caro y poco duradero el disimulo.

Yo de mis tacones ya no puedo renegar, pero mi estupidez no es pegajosa y es tan bella...

**Este domingo es el día**


A sonreír, a cantar, venga achuchones, arrumacos y cumplidos. Gozo sin sonrojo, y en el Día del Señor, es lo que tienen los novios del 2010: un día santificado a un amor exclusivo, un regalo divino, aunque más enganchado al débil cristal que a la insulsa eternidad. ¿Quién consumiría un infinito de amor en lugar de un día de Carnaval consagrado a la cursilería?
Rosas, cenas rojas, paseos afrodisíacos para abrir labios, desgarrar, lubricar la piel hasta los huesos por… unas horas, una noche, una vez, que pasarse de más puede resultar ingrato y nos hace esclavos. ¡Piedad para esta lechuza!
El pérfido disimulo da grima. Hablar y mentir, mentir y callar, pagando una tortura voluntaria en cómodas cuotas anuales. ¡Pero es tan bonito, ohhh, el amor! No se reflejan las caries, no hay grietas labiales, no existen las barriguillas tortilleras.
¡Ay, hoy te huelo diferente! Tus cabellos son el sol; tu boquita, una carnal fresa y tus dientes, mis mordedores de nácar. Y Cupido vigila desde su torre, como un traicionero desertor, con mueca embrutecida e intenciones de depravado malandrín. Distingo, entre sus lindos ricitos de oro, protuberancias, puntiagudos montículos de marfil: “A estos les doy un mes”, “venga, un cuatro por uno”, “dos no se casan si tres no quieren”, “como son seis… despertarán solitos”
Ohhh, ¿un regalo?, ¿para mí?, ¡ay, qué tonto estás! Venga, lo acepto, pero solo por esta vez, que yo no soy de estas cosas.
“Hoy es el día de los enamorados y solo lo que importa es el querer… San Valentín, yo no te olvido, porque su amor en esta fiesta he conseguido…” ¡A quererse todos, tocan!

15.2.10

**¿Espejo o femme fatal?**


El poder siempre se ha visto desde una perspectiva masculina, algo que hoy sigue activo en la mente de mujeres que, alcanzando metas altas, deciden adoptar un rol brusco, una voz dura, una imagen excesivamente hombruna, como si el mando solo fuera efectivo desde ese enfoque, véase la renuncia a la sonrisa de Chacón, la gravedad en el tono empleado por Aído o la vestimenta viril de Cospedal. La incógnita está en saber si se han realizado profesionalmente gracias a esa imagen o a pesar de ella.

La Judith bíblica cortó la cabeza de Holofernes, decapitando así el icono de la mujer espejo, del reflejo del otro, de la mujer pasiva y sumisa; para desnudarla de roles, para otorgarle un significado propio y distinto. Mas parece que las españolas no hemos encontrado razones para preservar nuestra independencia y escribir versos propios sigue siendo la asignatura pendiente, encorsetamos nuestros pechos, escondemos una belleza poderosa, una sensibilidad distinta, nos avergonzamos de una inteligencia emocional superior. No hemos entendido ni significado ni significante de la palabra igualdad.

Quiero, que gracioso verbo, equilibrio en obligaciones, en derechos, en oportunidades, no reclamo trato divergente, no soy caballera ni hombruna ni débil. Mis lechuzas son genuinas, desconcertantes, a veces oscuras, a veces demasiado evidentes, irrepetibles, únicas, lunáticas... Y nuestro yo es sensual, sexual, feroz en ocasiones, devorador o romántico, tal vez. Somos como tú, nuestras y de nadie.

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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