15.9.11

**Pinta sin parar**



“Pinta, pinta, pinta sin parar, mojar y extender y vuelta a empezar…” Cuántas lechuzas deseosas de colorear su vida, y es que no sobran las sonrisas cuando se encuentra el tono adecuado. Rosa, rojo, verde o un marroncito tostado, eso va en gustos, pero el caso es ponerle azúcar y sabrosura a cuanto hacemos. No me digas que no.

Y, una vez que consigues pintar, cómo parar. Las lechucillas amigas del sol me entienden, no es cuestión de que una coja moreno, no, es adictivo esto de verse con color, cada vez pides más del astro rey, y más y más, y no dudas en quemarte si hace falta, que el invierno ya refrescará tus calenturas.

Y si la suerte, también en el amor, es una actitud, puedes pintar tus sábanas de negro carnal, si es tu deseo y saca tu lado salvaje, permite que llenen tu casa de alegría, de ilusiones y vacíen tus labios de ausencias, ¡bendita locura de colores, bendita expresión la de tus dientes!

Solo encuentro una pega a tantas motitas de colores, rojo fuego, pájaros rosas, un poco de azul y tanto brillo: la infidelidad tuya y suya. Como los españoles tenemos que dar la nota, un estudio sobre nuestros hábitos sexuales indica que, ¡novedad!, cuanto más tenemos, más queremos. Las parejas casadas o estables que con más frecuencia avivan sus colores maritales tienen una tendencia más acusada a probar sus afectos con otras u otros. Por practicar que no quede…

El límite está en 16 pinceladas al mes con tu pareja, catalogado como “sexo frecuente”, dicen, a partir de ahí, uno de cada cinco ha probado a colorear libros ajenos, y en más de una ocasión. A más uso, más infidelidad. El caso es estropearnos los últimos días de calores…

8.9.11

**El hombre que pudo reinar**


Una bella película de aventuras, pero ni el mismo Kipling pudo imaginar que su Kirguizistan de ensueño tuviera por escenario Marruecos; mentiras del cine, idea del mejor Huston, que entendió que siempre es mejor rodar en caliente que en el este.

Lo mismo nos ocurre a las hijas de la democracia, intentamos creer que en ella vivimos, pero hay crisis que nos recuerdan que hombres, lechuzos y tronos están unidos y enfrentados al reinado femenino. ¿Dónde están esos dioses de Marrakech que nos lo compensen? Qué rápido se trastoca la Constitución por cosas del parné, que poco se piensa en ella para cuando no esté Felipe. Total, qué más da la igualdad escrita, a quién le importa un simple detallito.

Y es así, hay ciertos asientos con querencia exclusiva hacia los lechuzos, tan acostumbrados a liberarse de todo lo que no lleve al uso y disfrute, las conquistas híper complicadas y la sinceridad son como coronas de sangre de las que hay que escapar. Para qué esperar a llegar a casa... ¡Mamãe eu quero, mamãe eu quero, mamãe eu quero mamar!


Sin su chupete, pocos soportan el tú y yo, pasando de dos palabras a tres que algunas dejamos en primera singular. Pero no siempre fuimos así, recordáis, amigas, esa vez que infartamos nuestras ideas, recelos y sus incongruencias y quisimos hacerlos príncipes. No siempre una lechuza se deja, pero si se deja… “bom, bom, bom, chiqui bom”. Ellos saben que cambiaban las horas del día, caminaban con canciones, que eran más ellos porque eran más nosotras, que no necesitaban ni noches ni sueños ni nada a cambio.

Pero tanto ganaron y tanto perdieron. ¿Habrán olvidado? Algunos parece que sí… la verdad es que no, mas es fácil querer querer a quien no puede hacerte daño. Lo han perdido todo, a pesar de que pudieron reinar.

1.9.11

**A canario muerto, rey puesto**



O era “a rey muerto, canario puesto”, sea como sea, me da que está abierta la veda de caza de los pajarillos amarillos, ahora que vienen del sur, tan morenitos y vuelan desprotegidos, intimidados, tal vez, por los nuevos lugares. Volare, oh oh, cantare, oh oh oh oh, nel blu, dipinto di blu, felice, di stare lassù, canturrean, pobrecicos, sin saber que les espera la escopeta de perdigones, de moda por nuestra calles, no solo en la noche.

Aún no sé si los canarios se comen, y no me penséis en otras aves extremas, bribonas, pero no estaría mal despertar con cantos piados, por lo bajito, susurros que no vayan al aire. “Buenos días, machito”, como respuesta a sus demostraciones de afecto. Nada de hacerlos soñar con quimeras imposibles de respetar, nada de “eres el sol de mi vida, mi pajarito”, aunque los dejaremos que esperen a que amanezca, podrán resfriarse a la luz de la luna, disfrutar de una gran noche. ¡Escapa de tu jaula, pequeñín, y no hablemos del amor!
Bueno, a lo que vamos, que se me pierden las alas entre tanta divagación y pechos amarillos… La columna de esta semana no llama al ardor femenino, pero sí a sentir, a besar nuevas pieles y a dejarse de las carencias acabadas. Sí, lo querías, tenías su rincón, acoplaste sus flores, sus canciones y él te quiso, mas pasó y ahora solo queda el no volver, tal vez algo de miedo y otras… que es poco el tiempo que aguantan las penas separados de otros besos, he oído. Todo es pasar, colorea tus manos y cara de azul, vuela, que está abierto el infinito, oh oh, y él no volverá más, espero.
Y, si eres de las que sufres, en silencio, sus impotencias, búscate un rey con sensibilidad y ponle paños calientes.

25.8.11

¿Amor o posesión?



Hay temas, y zonas, que es mejor no tocar, si no se tiene confianza, por eso de que el resultado puede tirar hacia el lado oscuro. Uno de los más peliagudos es el omnipresente concepto del amor: ¿un sentimiento especial o simple posesión de órganos y cuerpos?

No es que lo erótico festivo nos sepa mal a las lechuzas, pero cuando nos da por aflojar la mente, y no solo los huesitos, pensamos si es más importante esa fidelidad física que otro tipo de engaños o daños. ¡Honestidad corporal y ya está! No sé si será tan fácil, pero tengo la sensación de que esta sociedad se apoya demasiado en el afecto genital, queremos más cuando le restamos al otro, no hay libertad ajena, que la propia ya se la agencian los lechuzos (y eso que nos conocemos todos), no existe el desearle mejor al otro, más completo, más él. Desenredar para enredar y volver a enredar… ummm, eso es mejor cosa.

Estas aves pervertidas de ilusiones hemos optado por la sensatez: ¿seleccionar vestidos blancos o tendernos hacia los cuerpos untados en canela?, ya elegimos nosotras, que los pobres desgraciadicos están mejor si todo les damos, uno, dos o tres, y a beber con pajita, despacito, sin atragantarse. Ellos se quedan en canciones, pararnos pueden, de vez en cuando, una vez por semana.

Arropar en silencio, ¿no? de hablar... ni hablamos. Los casados, tan monos antes del esmoquin y el traje, engordan, algunos añoran pelo, de tanto dejarse peinar, será, y menguar... aún no lo comprobé. Pero, si es bueno el mango, amarillo y rosadito, por qué morirse por medir, ¡qué voy a contaros, lechucillas, si ya está escrito todo!

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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