23.7.09

**Ese toro enamorado de la luna**


No creo que, a estas alturas de la vida, a alguna nos sorprenda la visión de esos rebaños de experimentados lechuzos que tienen como encargo reunirse en torno a ocupaciones varias: la partidita con café y baileys, con hielo, por supuesto; la pachanga, al futbito, que, para el fútbol, llegan edades en las que rodillas, tobillos o posaderas han perdido su adecuada dureza, y, por supuesto, las marchas nocturnas.
Todos en tropel, cual hordas, aunque a estos les faltan las dos redondas cápsulas embrionarias, pues no hay otra forma de explicar la falta de valentía de los lechuzos comunes.
Antes, los hombres rondaban en solitario, entre balcones, iglesias, paseos y bailes populares, eran masculinos, valientes, fuertes. Hoy, nos acusan de ir de dos en dos al baño, lo admito, nos encanta cotillear, pero, cómo explicar que es la mejor forma de escapar de ciertas embestidas inoportunas. A lo bruto..., alguna caerá, deben pensar, y, si no, ya mandamos al amigo atrevido. ¡Ay, qué arraigada la ignorancia!
Mas, lo peligroso no son dichos ataques, lo amenazador es cuando se alejan de la manada y embisten en solitario, es entonces cuando engañan o son engañados, cuando empiezan a creer en su mujer perfecta, en cenas compartidas, en el amor... Los síntomas a largo plazo son evidentes: se acumula grasa, se dejan de peinar, se olvidan de los amigos, del gimnasio, del verano...
Los peores son los que se enamoran de la luna, más pasionales, venenosos, locos, maravillosos, reconozcámoslo, pero su fase enamoradiza tiene corta duración, le doy, como mucho, tres meses: una luna llena, conquista; otra, amor; última, olvido.

16.7.09

**Esclava de tus pasos**


Las más pipiolas torturan sus pies con tacones de distinción y centímetros imposibles, pues la generación del danone ha visto fortalecidos los huesos y menguadas las ideas. Pero, qué recriminar si, para nosotras, nada vale: pechos, cabellos, rostros..., lo grande se cae, lo pequeño no llega.
Y así, las lechuzas, educadas a maquillar nuestra desnudez, vivimos atadas a espejos y mentiras. Somos afeites y retoques de color, porque dejamos ganar a lo irreal, a quienes odian nuestra libertad porque no entienden lo que es ser mujer.
El photoshop y el maquillaje, como juego, tienen su punto. ¿Qué lechuza no quiere sentirse mona? ¿quién no quiere una sesión de arreglos tipo Presley? Es divertido, sí.
No tiene la misma gracia inyectarse una toxina que estanque los pasos de la edad; sufrir un mes de inflamación, de dormir boca arriba, de cicatrización... para lucir “unas buenas tetas”, fingidas, extrañas, de dureza artificial. ¿Es gracioso perder acúmulos grasos con un aspirador chupa que te chupa tu cuerpo?
Levantarse un día y ser trasparente, no despertar admiración, envidia y deseo es duro, y muchas, en lugar de valorar los años pasados, compran esas caras de bufón que no pueden escapar del tiempo.
A mis lechuzas, no, a ellas dadles recuerdos y un futuro de amor propio, pintarán canas con cremas para una piel venerable, gimnasia y tratamientos de chocolate, caviar, oro... Dadles movimiento, mordiscos sin atajos, caricias. Que no sean esclavas de una belleza cautiva del tiempo.

15.7.09

**Comer es un placer**


Genial, sensual... No sé por qué no me sorprende eso de que los españoles encuentren su mayor placer en hartarse de comer, en saciar sus impulsos a fuerza de tortillitas, paellitas y gambitas varias.
Y, entre todos los alimentos que nos llevan al pecado, nos gana el chocolate, y es que las lechuzas también entramos en la encuesta, y puestos a sustituir... Porque, no nos engañemos, para que lleguemos al clímax físico, necesitamos un entorno satisfactorio, un comensal avezado, buena combinación de ingredientes y técnica a fuego lento, y si es en horno de leña, mejor que mejor. Y, con el manjar negro, nos ahorramos tanta búsqueda infructuosa y desilusión final, viene todo bien empaquetado y se derrite por tu boca, sin esfuerzos, sin engaños y desde el primer momento, sin tener que esperar que los años lo maduren o mejoren su sabor.
En el orden de los deleites: la comida, la familia, viajar, el chocolate y el sexo.
Este estudio, realizado por el sociólogo Javier Barraycoa entre 8.351 personas, concluye que las mujeres encontramos con más facilidad los caminos del disfrute. Quizá por nuestra capacidad de automimarnos, o porque hemos evolucionado hacia una superior inteligencia emocional, que nos permite comunicar deseos, identificar problemas, conmovernos y, sobre todo, fantasear.
Nosotras evocamos, idealizamos, soñamos, ellos siguen siendo fantasmas del: “No quiero hacerte daño y que te cueles por mí”. Mira, la risa, otro inefable placer.

9.7.09

**¿Has olvidado el calor?**


El calor provoca una puñalada de energía apasionada, de esa que se transmite de un cuerpo a otro, de lechuza en lechuza, una fiebre que no se olvida y regresa, con sus maripositas de estío. ¡Ay, mamacita rica!
Su inflamación asesina obliga al diurno destape de lozanías, mientras sus cervecitas de terraza al anochecer hablan al derroche de deseos, al contacto, a la intimidad... Un sofoco que derrite beneméritos, bomberos, locales y hasta los más que interesantes nuevos uniformes de los policías nacionales.
Y es que el cuerpo hay que demostrarlo, y mostrarlo, así lo entendieron los dos jefes de la Policía de Tráfico rusa que han sido expulsados por sorprender a sus compañeras con un estríper masculino. El baile erótico fue celebrado por toda la comisaria, con el revoloteo evidente de las amigas de las placas, esposas y porras varias.
No sé el porqué de tanto escándalo, debería generalizarse dicha cortesía entre las empresas españolas, nosotras permitiremos  granjeras lavatractores en las fiestas rurales, que las guarrillas chonis están en su salsa entre tanto barro, mientras nuestros jefes nos incentivan con semidesnudos de machotes atractivos, y de uniforme, que la clase es la clase, y donde esté un hombre con gancho refinado y destapado en su justa medida...
Perfecto para ahorrar calefacción en el apático invierno que, en verano, ya estamos bien provistas: las lechuzas revolotean más y gustan de escapar de sus nidos de colchones con fundas de plástico, a la espera del frío, y disfrutando de mareas, golfos y volúmenes tostados al sol.

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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