6.3.09

**Amor sin caricias**


Hay sábanas vacías que huelen a humedad, a serenidad y templanza, pero que sueñan con mensajes guardados, con besos recogidos ante la gélida despedida del amor. Y, así, se enfrían los consuelos, las promesas, la maternidad…
Pero tú, amiga, no te has olvidado ni de mirar ni de tocar. No necesitas mentes impedidas por el trabajo, no necesitas cuadrículas ni facturación, ni coches, ni viajar, ni esperar… Siente, llora, exhala, destila gemidos, besos. No guardes galanteos para otras manos, ignora lo que ya pasó, sabes que no vuelve, y recréate en lo que vendrá o ya ha venido.
Eres mujer para pensar y querer, que quiere y suspira, que necesita bendiciones. Eres mujer de antes y ahora, de un orgullo y una belleza que ambiciona atenciones.

Es fecundo tu nombre y yermo tu olvido.

**Infinito amor**


No existe el tiempo para el diferente, no existen las distancias para el que solo entiende de piel, de caricias, de besos. El reloj se detiene en cada segundo vivido, en las sonrisas ganadas, en las noches de olvidos y recuerdos. En los momentos de amigos, de cartas, tal vez, sueños...
No existen frases hechas ni historias de amor marcadas, pues hay personas que entienden que lo importante es asir un presente que no existe porque se escapa, el ahora, el tal vez mañana. Un mañana que hace infinito el amor y fascina por su equilibrio, por su tenacidad, por su paciencia.
Un mañana que compensa con noches de impasibles despertares y con comidas de timidez encarnada.
Un presente de sensualidad encontrada, un hoy de pasiones robustas, de músculos para vivir, para rozar, para sentir.
Sabes que lo que tú tienes queda, que tu huella es sutil, que tu mirada quiebra el camino de quien se esconde en la oscuridad.
“Se hace camino al andar”

**Alocado amor**


Cinco horas, cinco años, cinco amigas, cinco siglos no son suficientes para apartarte de la lujuria, del desenfreno del todo o nada, del amor de llaves y bodegas, del momento....
Y el momento pasa, y quedan espinas, rozaduras y agujetas profundas, que no cierran las ganas de seguir viviendo la soledad del que nunca está solo, porque tiene noches de frío pero días de calor, de cafés, de té... de amigas, de maridos, de conciertos y reuniones. De juegos de damas.
Dueña de un corazón gratuito, de un pecho altivo por lo que esconde, de un cariño maternal y una cocina soltera.
Curvas prohibidas, labios de carne y verdad, que tiemblan por lo que ocultan.
Labios que muerden el alma y arrastran dioses del cielo, ojos que brillan ante el perfume de la luna, oídos para el trabajo y para más que el vino.
Vicio, apetito, deleite de sensualidad... mezclados con la paciencia y el disimulo del tiempo, ahogados por la ternura y las palabras, consumidos por la desazón, la confusión y el interés. Solo unos pies descalzos te tatuaron esas alas que siguen mirando al cielo.

Tú quieres, tú puedes.

26.2.09

**Ellos pecan más y mejor**


¡Y habló el Vaticano! y qué nos querían contar, ¿algo que no supiéramos?, pues le tocaba confirmarnos que hombres y mujeres no somos iguales, tonta de mí, si no me lo recuerdan, hasta me lío con la ropa interior. Resulta que no solo nuestra capacidad amatoria y los grados de egoísmo son distintos, también lo son nuestros pecados más comunes. Que si eres mujer... te tocan los pecadillos sin glamur y si eres lechuzo: toma lujuria. Jo, esto no es justo.

Y es que a todos, de vez en cuando, nos salen unos graciosos cuernecillos de viciosos pecadores, si tenemos esa suerte. Claro que no es lo mismo ir al Infierno por pasarte de soberbia que transitar por el camino del deleite carnal. Nosotras caemos ante la petulancia, la vanagloria y la vanidad, y yo sigo sin entender por qué consideran un pecado que seamos conscientes de nuestra superioridad y hermosura... si más que lozanas lechucitas parecemos pavos reales en flor.

Y digo yo, si ellos son más lujuriosos que nosotras, las cuentas no me salen: ¡No era este el pecado de dos... o tres o cuatro! ¿el desenfreno es en soledad, de unos con unos... o quién es la golfa que está disfrutando del sátiro mujeriego que me corresponde?

Nuestro segundo pecadillo sin importancia es la envidia. ¿Nosotras, de qué? no será de los lechuzos que nos rodean. A ver, quién se atreve a decir algo, quién, que no respondo de mí (tercer pecado: ira). Ellos, os vais a sorprender, ganan en: lujuria, gula y pereza. Sin comentarios.

El jesuita Roberto Busa tendrá que revisar sus conclusiones, que me ponga una cruz en la ira porque tengo gastada la suspensión y a este paso se me escapa la fiera que llevo dentro y muerdo... ¡Yuju, lujuria!

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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