6.10.11

**No me olvides**




Ay, mis zorrillas, tan astutas lechuzas, tantas de nosotras aún confiando en sus dislates románticos y menospreciando a los que nos insultan, tal cual... Equivocadas, erradas en nuestro pensar, nada zorras, por lo tanto, y ahí está él, el juez del Olmo, leño seco en mujeres, para recordarnos que los hombres no nos agreden verbalmente, no pueden, porque el lenguaje no es más que interpretación, malvada, a veces. Mentes desvariadas las nuestras, cabezas sucias, mirada tan poco atenta, entiendo, gracias a él.
Si ese mosquito, que tanto te quiere, demuestra su amor con un zumbido de su boca, tipo “zorra”, agarra su lengua marchita con mordisquitos de pasión. La metáfora es su lenguaje, el símbolo de su amor es su verbo. Que te quiere mandar al cementerio en caja de pino... no me digas que no es romántico su gesto: realzando tu cuerpo en madera para la eternidad. Es un lujo la polisemia masculina. Hijas, madres, novias, abuelas y hermanas tan zorras y tan suyas, siempre.
No entendemos las buenas voluntades de nuestros cabronazos (‘experimentados y astutos’). No son artimañas de conquista sus mensajes (qué daño ha hecho el whatsapp) de madrugada, sus incomprensibles “no me olvides”, cuando siempre lo olvidaste, sus “siempre te querré y la vida nos debe otra oportunidad”, sus “me has embrujado”, “nos vamos a ver mucho”... Ah, no, no, corazón, no es necesario que a mí me mientas en nada.
¡Calla, apenas hables!

29.9.11

**Me diste en la boca un beso**



Una señorita que hacía a los hombres pecar, una maravilla de mujer y de copla. Con tono cañí somos marías de la o, una loba, una lirio, y no podemos olvidarnos de María Magdalena, Carmen de España y la Manola del Tururú.

Señoras o señoritas, de formas bonitas, gitanas, guapas y con historia. Decentes, limpias, puras o más bien no, qué gesto o posición hace que una lechuza se gane el “señora” y deje el “señorita”, de menor grado, para esas otras. La RAE expone, como característica para tal uso, la búsqueda de la “cortesía con una mujer soltera”. Olé y olé. Para el señorito dejemos la chulería, la ociosidad, al amo y al niño bien. Soniquete negativo que le voy viendo al término en masculino, con la a… ¿tendrá desventajas la soltería? ¿Será nuestro vicio sin firma señal de una carencia? Somos lolas de muchos puertos y poco consuelo nos da el lenguaje ante tanto sufrir, ay, pero no me llames Dolores, que la risa me acompaña, sin importar si el pájaro es Phrancisco, Antonio o mi primer novio.

Las francesas, feministas de mucho tomar, atacan los formularios que distinguen mademoiselle de madame, pero que solo ven un señor, un padre, un amo. Con estas cosas, me sale la piconera de dentro y me quemo toda. Ahora van de liberales, cuando la mayoría cambia su apellido al atarse con un “sí, quiero”. Tururú a vuestra independencia de pacotilla, princesses de silueta nerviosa y fina. Empecemos por el principio…

Sin anillo, señorita, nada de malas lenguas, ni faltas, ni de nombrarme por otros, señorita que cumple porque vale y solo tiene derecho a quien conquista con sus besos, en tu casa, en la suya, en habitaciones de viajes, en lagunas y termas y siempre en la boca, por si alguien, señorita, consigue que te enamores dándote guerra. “No debía de quererte y, sin embargo...”

23.9.11

**Llena de amor**


Es lo injusto del lenguaje o de la utilización que de él se hace, más bien. Si una lechuza confiesa sentirse “llena de amor”, es una cursi rematada a la que imaginamos repartiendo globos y margaritas y con pupilas en forma de corazón. ¡Guapa tú!

Si cambiamos protagonista por uno de esos seres llenito de testosterona, la cosa cambia y entramos en proposiciones más ligadas a préstamos seminales y a expresiones de mal gusto. Vamos, nosotras tontitas de amor; ellos, volviendo a jugar a confundir una cosa con la otra y siempre con el disfrute. Luego me dirán que entienden algo del amor eterno y que mantenerlo es un trabajo diario: unilateral, ¿no?

Un banco noruego nos ha casado a George Clooney con una joven embriagada, de alcohol, y es tanta la suerte que se le supone a la desposada que, al final del anuncio en el que participa el soltero de oro, remata la cosa: “Algunas personas tienen suerte en la vida, para el resto, lo inteligente es un plan de ahorro”. ¡Clooney igual a marido ideal! Ummm, voy a seguir sumando monedas.

Él mantiene sus ideales anti-bodorrios y esto me recuerda a ciertos golfillos de la mentira hispana. Toda la vida diciendo que desean viajar, vivir solos y comprarse una casa en el campo, que no pretenden a niñas inmaduras para pareja, ni las quieren cursis o controladoras, prefieren inteligencia, gustos comunes, ironía, simpatía y un poco de curvas macizas, solo un poco, y con quién acaban… ¡Vaya instinto o vaya palabra a sí mismos!

Pero el amor es así, no hay pareja perfectamente acabada, al estilo clásico, solo compatibilidades. Defectos que aguantamos y virtudes que nos complementan… del futuro ya hablaremos, que no es cuestión de empezar provocando, por lo menos de palabra y omisión. ¡Pongámonos a la obra!

15.9.11

**Pinta sin parar**



“Pinta, pinta, pinta sin parar, mojar y extender y vuelta a empezar…” Cuántas lechuzas deseosas de colorear su vida, y es que no sobran las sonrisas cuando se encuentra el tono adecuado. Rosa, rojo, verde o un marroncito tostado, eso va en gustos, pero el caso es ponerle azúcar y sabrosura a cuanto hacemos. No me digas que no.

Y, una vez que consigues pintar, cómo parar. Las lechucillas amigas del sol me entienden, no es cuestión de que una coja moreno, no, es adictivo esto de verse con color, cada vez pides más del astro rey, y más y más, y no dudas en quemarte si hace falta, que el invierno ya refrescará tus calenturas.

Y si la suerte, también en el amor, es una actitud, puedes pintar tus sábanas de negro carnal, si es tu deseo y saca tu lado salvaje, permite que llenen tu casa de alegría, de ilusiones y vacíen tus labios de ausencias, ¡bendita locura de colores, bendita expresión la de tus dientes!

Solo encuentro una pega a tantas motitas de colores, rojo fuego, pájaros rosas, un poco de azul y tanto brillo: la infidelidad tuya y suya. Como los españoles tenemos que dar la nota, un estudio sobre nuestros hábitos sexuales indica que, ¡novedad!, cuanto más tenemos, más queremos. Las parejas casadas o estables que con más frecuencia avivan sus colores maritales tienen una tendencia más acusada a probar sus afectos con otras u otros. Por practicar que no quede…

El límite está en 16 pinceladas al mes con tu pareja, catalogado como “sexo frecuente”, dicen, a partir de ahí, uno de cada cinco ha probado a colorear libros ajenos, y en más de una ocasión. A más uso, más infidelidad. El caso es estropearnos los últimos días de calores…

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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