13.5.10

**Una perversión femenina**


Paciencia, un sustantivo con el que las lechuzas nos perdemos, tal que pareciera formar parte de nuestro ADN, un ácido anómalo y maligno que practica con nosotras el masoquismo de ser esencialmente buenas.

Suspiramos por esas mujeres del pasado y sufrimos con ellas tanto que tuvieron que aguantar: solo dos manos para una casa, para un número elevado de hijos, solo dos manos en la intimidad. Imaginamos una vida en la que el amor se puede marchar sin que el tiempo te deje notarlo, matrimonios atados a la costumbre, al qué dirán, a un proyecto de vida con firma masculina.

Y, orgullosas de una falsa libertad, nos creemos diferentes, mas somos solo un reflejo de lo que quisimos ser. Es cierto que amamos fuera y dentro y que entendimos que cada historia que termina puede empezar bien, que no somos de nadie y que el que una vez te humilla y te desprecia seguirá con una segunda o una tercera, si le dejan.

Los lechuzos son así; conscientes de su interior, se han adaptado a los nuevos tiempos: doble galanteo, eficacia y fugacidad, por menos delicadeza, atenciones, nada de perfección. Mis lechuzas lo entienden, incluso lo silencian, comprenden los vaivenes varoniles y la falta de recuerdos en la noche, nosotras sabemos perdonar palabras, besos, intenciones que parecen y no son, porque nos eran indiferentes esos borrachos del olvido y nunca creímos su conquista, aunque sí su amistad.

Nosotras hemos arrancado a mordiscos cada una de las marcas de Eva, mas lo siento por vosotras, lo siento por ti: tú, que sigues confiando en sus requiebros o creíste que sus caricias eran ternuras, ¡pesada cruz!

Ya no pidas padres, no pidas hijos, haz como yo: sujeta la fusta, prueba suaves e intensos y reza el creo en mí.

1.5.10

**Pasiones efímeras**


Con el permiso de Bibiana. ¡Malvados cuentos, príncipes y sapos!, culpables todos de que las lechuzas hayamos creído que nuestro mundo está distanciado del masculino. ¿Sentimos diferente, entendemos las caricias, buscamos literatura en la pasión? No será esta vieja rodeada de plumas y plumillas quien niegue una superioridad intelectual, no seré yo quien se permita despreciar una mayor capacidad para aprehender, para respirar profundamente, para apreciar el mundo sensible, lo mágico, plástico, bello, azul…

Pero las estadistas progres se equivocan, la fantasía sentimental de los clásicos infantiles no ha arruinado nuestra personalidad femenina. Qué fue antes: ¿la mujer o la princesa?, ¿el amor o el cine? Y estas ministrillas, cuando se ponen, se ponen; miedo me da, no les dé por censurar la emoción de Casablanca, Cyrano, Amelie, ay, Los puentes de Madison… o toda expresión artística que nos engañe con un mundo de hombres buenos y amantes inteligentes. Sí, escasean, no nos engañemos; mas, o poco nos aprecian ellas o confían demasiado en nuestra ignorancia…

En Caperucita encontramos el ejemplo adecuado, una metáfora perfecta de lo selecto de nuestro radar. Cierta es la querencia por los caminos largos y sinuosos, por la lentitud en pasos y manos, por las palabras susurradas al atardecer… que hacen que nos dejemos morder por los que van de lobos. Vigorosos, labios de aquí y ahora, peligrosos hasta la extenuación, llevan nuestra piel y estos huesos que nos comen hasta el límite de lo prohibido, de la muerte, del dolor… Un momento para el no pensar y el sentir… efímero.

Pobres lobos desechados, se pierden en nuestros ojos, pechos y besos y acaban disecados en el álbum de nuestros recuerdos. Una muesca más de un rifle que solo soltamos cuando aparece un cazador. Más sereno, más íntimo y sincero, menos peligroso pero perdurable. Y, a pesar de que no nos guste su camisa, siempre nos queda el asombro, la sorpresa, el secreto oculto que un lobo nunca podrá entender.

El lobo ibérico, cazado de noche, fiera solitaria y triste de día.

¡Queridas lechuzas, nos queda mucha vida para el separa y recicla!

21.4.10

**El día de las lechuzas**


Siempre le he encontrado un cierto punto de belleza al silencio, ya sabéis: si no tienes nada bello que decir… cierra el pico. Lástima que a una le entren tantas moscas, y moscardones, y no pueda silenciar los encantos de los adonis zamoranos.

Y como La Voz encontró que el dinero es más valorado que la verdad, a los que creemos en la palabra nos han prestado un nuevo Día, el sustantivo del tiempo, de la permanencia y la renovación semanal. ¡Viva mis niños: recios, valientes, eternos!

Digo niños, y digo bien, pues mantienen ese punto de inocencia que me encanta. Qué sería de nosotras sin la ingenuidad ¿podríamos las lechuzas sobrevivir entre las garras de las relaciones, o lo que sea, amorosas? Puesto que no es discutible nuestra superioridad intelectual, digo, ese pequeñito fallo de la naturaleza puesto ahí en pos de nuestra infelicidad; la candidez femenina se nos otorgó para soportar la evidencia masculina. Así, ¡la fastidiamos!: su simplicidad la hacemos complicada, su camino por asfaltar nos parece una metáfora de un mar misterioso, bravío, inundado de secretos, de locuras de sal. Error tras error, un hombre es hombre, un lechuzo tal cual; matemáticas de uno más uno, pura Primaria y no busques más.

Mas, ¡ole las sumas, los desayunos de toda la vida y las margaritas! Aunque solo sea por un Día.

31.3.10

**Las dulces niñas del ligue**




No os aflijáis mis tiernas lechucillas, que os salen granos, los chicos os miran así como raro y no hay manera de sacar provecho al alcohol ingerido contra la timidez: el Ayuntamiento de Segovia es vuestro nuevo aliado en el arte del “bien entrar”.

Si tenéis entre 13 y 16 años y sois mujeres: ¿qué más os puede preocupar? Vuestra cabeza femenina manda y son los lechuzos una única obsesión y ambición. No necesitáis llegar a conoceros, comunicaros, descubrir nuevas aficiones, vuestro don y camino. No, no, no, lo único que os hace falta para sonreír es que los pipiolillos os encuentren arrebatadoras, sensuales, diosas del encantamiento…

El curso formativo “Aprende a ligar”, con un coqueto presupuesto de 35.000 euros, reunirá a las niñas segovianas que necesiten un empujoncito o tal vez dos. ¿Habrá prácticas y examen final? Con semejante inversión, ya podrán ligarse al Duque, ya.
Ante todo esto, esta madura lechuza aún en flor se pregunta: ¡Pero es que existía una técnica! ¡Y es cosa de mujeres! A la mierda la naturalidad y el dejarse llevar.
Lechuzas, a ver quién es la empollona que saca más nota, porque como tengamos que dejarlo en manos de ellos… mejor que se apliquen en el decálogo del buen amante y amo de casa que nosotras ya hacemos el resto.

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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