17.5.12

**El matrimonio, el fin**


Estamos aquí reunidas, queridas lechuzas, para decidir si el matrimonio es el fin del amor o la finalidad de una pareja. A poco que uno tenga vista, notará que las alianzas maritales solo me valen para compartir con amigos sus días felices, tal vez últimos, y, más aún, para recordar por qué me agobian las bodas. Pensadas para envidia de los novios: que se quedan sin disfrute diurno, del nocturno poco; que recuerdan por fotos, puro nervios; sin la tarta, sin chocolate con tanto paseo mesil; poses, giro y beso a lo natural; con padres y suegros compartiendo cubierto ¡yuju, subidón!, madrugón para la pelu, vestidos repolludos, besos, abrazos y parabienes de desconocidos y, por fin, viajecito, eso sí, eso sí, eso sí quiero. Bésame ahí, sí, úntame en miel, como si esposa fuera.
Mas empecemos por el principio, hermanas, pasando de la declaración, que ya no hay romántico que la cumpla, seguimos con preparativos y cursos, si eres cristiana, apostólica y romana o buscas créditos de libre elección; también les vale que te guste la escenografía de la iglesia, a tus padres, abuelos… y no te importe tomar sacramento aún siendo ateo.
No lo he vivido, pero, puestos a imaginar… Las clases os formarán y prepararán, por ser legos, no lelos, en cuestiones sexuales, diferencias entre hombre y mujer, la importancia de los hijos, católicos y libres, claro, la procreación y la valiosa mujer, tierra fértil; la vida en pareja, tener la casa curiosita y apañada, vas, porque luego sigue la liturgia, el rito y el amor, ese gran examen contra el olvido del amor.
Un proyecto en común, un tú con un yo, y suponemos que, si firmas, habrá comprensión, mirarás por el bien de los dos, su felicidad será la tuya y que sea lo que Dios mande, aunque yo suelo requerirle más a la vida. Si el yo de mañana lo desconozco, cómo prometerte que esa otra te querrá. Y, visto así, solo nos queda llorar en las bodas.

11.5.12

**Condenadas a repetir**


Nunca ha sido un castigo tener que comprobar una y otra vez un mismo producto, si la calidad acompaña, claro, y el chico está rico, la cosa nos sale a probaduras diarias.
Pero qué decir del bucle vital. ¿No habéis notado que tenemos tendencia a meternos por el mismo agujero de forma cansina y repetitiva? Estoy repasando mi lista privada y la pública y notoria, intentando descubrir el punto en común entre mis pasados amores… y el que más se repite me lo guardo para mí, que me deja en mal lugar. Tal es mi máxima: quien habla mal de un ex, habla mal de sí mismo (aunque nos lo ponen difícil, algunos).
Si me pongo a releer las listas ajenas, es curioso: algunas me repetís en nombres, ¿será por no confundir o que el sustantivo propio imprime carácter? Otras tenéis tendencia a querer buenos alimentos, cocinados y en crudo, a mordisco latiente. Me hace sonreír una de vosotras, por siempre acabar enredada con todo lo contrario de lo buscado: gomina, corbata y perfumes que empalagan. Luego tengo, que tengo de to, una que acierta: quiere hombres muy hombres y hombres muy hombres tiene, aunque alguno salga corriendo. Qué decir de la amiga de las flores y gemas preciosas, tal esto estudias, tal campo tienes y, entre cursos y seminarios, te salen tractores.
Algunas se me ponen exóticas y sacan el mejor rendimiento a lo que sabe a extranjero, morenito o europeo, del norte o del sur, pero con acento latino, ruso, dominicano… ¡Quién dijo miedo!También tengo una adoradora del producto raro y algo canalla, de estos que van de especiales, artistas únicos y altos que luego son malotes al uso. Y yo sigo intentando adivinar esa debilidad mía: fibrosos por deportes, indomables, con un toque a terruño propio, inteligentes y rebuscados, complicados y amantes de la mujer, así, como género conjunto, enseñantes, padrazos y niños, con canas, sin pelo, con mata y, venga, sí, algún que otro capullo, siempre en flor.


Nosotras, de lo bueno, lo mejor. No nos quejemos, ¡Nos pierden los lechuzos!

3.5.12

**Decir amigo**


Si nos metemos en el mundo de las relaciones, un espacio del que uno sale chutado a lo grande, eso de decir amigo... suena más a mono de irrealidad. ¿Se puede mantener la amistad tras la ruptura? ¿Te puedes tomar un par de vinos, contarle penas y amoríos a un ex? ¿Dirás bondades de su nueva barbie de supermercado?
El fusil se carga tras el adiós y cualquier pequeño roce puede desatar una bomba que no se autodestruirá sin un estallido de recuerdos, de vuelta a lo mismo, de celos de la propia y actual o de tristeza y olor a cuernos. Y, tal y como está la cosilla del fisco, políticos y dineros, mejor que nos expropien nuestros odios y nos dejen los vientres tranquilos.
¿Y esto sucede porque fuimos amigos?, ¿porque nos amamos?, ¿porque nos conocimos o porque lo oculto se nos aparece después de? Egoísmo puro, graciosa ceguera, maquinaria cerebral para evitar el sufrimiento de perder lo que creímos nuestro.
Y quien dice amante dice amigo, tal cual os lo cuento, no en el toqueteo, pero sí en la huida. Todos nos utilizamos, todos requerimos cariños y sacamos de cada uno lo que nos da vida, consuelo o calorcito... solo queda entender que algunos levantarán el vuelo antes y otros nunca nos dejarán. Y no es ni bueno ni malo, ni unos mejores o peores. Cada cual cumple su función: tú volarás por mi vida y será bueno; tú no solo pasarás, te quedarás entre mis rejas, y más te vale que seas bueno, porque tenemos que hablar de muchas cosas...
Mil veces conoceremos, espero, caritas y serranos, cuerpos y tallas, malos bichos y uno o dos amores, tres, cuatro, como mucho, seis compañeros de vida y muchos amigos, colegas, conocidos y ex, y será bueno. Pero, no nos engañemos, yo puedo ser tu amiga, corazón, porque soy sabia y madura (jajaja), pero hay tanto gilipollas fundador ahí fuera.

26.4.12

**Desarreglos en toda regla**

Siendo sufrida, como toda lechuza preciada, no puedo confiar en esos que nunca han sentido dolor, que no han tenido penas y solo señalan sus propias alegrías. No me fío, lo siento, de esos a quien la vida no osa curtir a fuerza de golpes y trompicones, tampoco de quien no es capaz de mal hablar de vez en cuando y menos de los que no aprecian un buen trago. ¡Me gustan los humanos defectuosos!
De amarguras, sentires y colores lejanos al marfil, entendemos las lechuzas: una vez al mes, martirio femenino, dolores y tristezas que pregonan la suerte de ser mujer. Todas premiadas con puñales atravesados en el vientre, ¡qué repiquen las campanas! Y serán esos pesares los que permiten que seamos capaces de sacarle partido al quejido, a que tu vientre se convulsione puntualmente, o no. Así salimos de la adolescencia, con la suerte de ser sensibles a ciertas cosas que los agraciados lechuzos no pueden apreciar.
Quién de nosotras no ha escuchado ante su propia cara eso de “los desarreglos son normales, cosas vuestras que tenéis que sufrir, mejor en silencio, sin molestar”, “si te vuelve a pasar: reposo absoluto”. ¡Viva la ciencia médica! En este caso como en pocos, se hace palpable, abofeteable y notorio lo bien que sabemos sufrir y lo poco que los flagelamos a ellos. Díganle a un señorito que se quede quieto porque no hay más remedio, díganle que una vez al mes le va a doler el alma desde dentro... Pronto habrían impulsado el estudio de sus entrañas y más rápido se sacarían pócimas que acabaran con sus desangradas debilidades, con sus anemias y su par de ovarios jipis.
Un cuchillo y una espada carmesí deberían sentir una vez, solo una, para que se tiraran de la cama y adorarán hasta nuestra sombra por esa “malasuerte” que nos da el “gusto” de la maternidad. ¡Un altar para las drogas, somníferos, antiinflamatorios y síndromes pre, que es lo único que pueden entender!

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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