17.12.10

**Vuelve feo por Navidad**


Lechucillas deseosas de que nos muerda el lobo navideño o vuelva un marinero o leñador de otros lares que coma bien de turrón y nos tale el árbol lleno de luces intermitentes. Hasta entonces, todos a untarnos en crema, a buscar modelazos, cenando una manzana, tal vez un yogurt, porque nos esperan tangas rojos, para él y para ella, picardías, campanadas, moñazos y maquillajes dorados. Venga, a impresionar, a conseguir babas ajenas, pobres inocentes…

Y quiénes vienen: los suecos, con una experiencia científica tan simpática como ellos: si te gusta la noche, duermes poco, si duermes poco, amaneces feo feo feo. Y no solo eso, el tabaco y el alcohol acentúan el horroroso efecto, ¡ay, viciosillos… qué feos que os veo!

Las cenas de empresa nos van a llenar los días de gente de no mirar, pero los sosos suecos no contaban con el toque hispánico: el buen vino español, ¡arriba España!, que diría una lechuza animosa, y sus efectos miopes, aumentados con la pobreza tentadora de las mañanas de bancos, aseguradoras, organizaciones no gubernamentales, imprentas o incluso de las chicas de Zara. Tras encuentros tristes diurnos, ¡viva el vino, los tigres, los cuerpos, el champán, las sidras y arcángeles nocturnos, hip! ¡Feliz cena de empresa, lechucillas!

10.12.10

**Concepción inmaculada**


Que él está contento, dice la mami, llenito de alegría, pues once años no es nada. Ni miedos ni engaños, con solo los barrotes que dan el cariño y los gametos maduros, de esposas de plumas no sé si sabe, pero él está completo. Y es que son tantas las formas de decir te quiero: adivinar lo que pides, untarte en chocolate, relamerte en la cama, el desayuno, a las ocho, y ya más de treinta regalos sin costuras. “Y es que te quiero tanto”.

Juraste con un papel, dos anillos, una película de amor y un día llego Helena, hija de Zeus, belleza troyana, picardía escondida, y ahora él ya tiene dos, y está repleto.

Limpieza, pureza, goce solo por hijos, reza la Conferencia Episcopal, y yo soy consciente de esa magia que ellos venden, por inverosímil, pues es simple, sencilla, demasiado blanca para lo que se lleva: champán, marfil, blanco roto, sucio. Nos hicieron viciosamente devotos a lo carnal, a los cortocircuitos de la pasión, a los kilowatios de más. Por eso sus incendios de besos secretos no son inmaculados y dejan la puerta abierta, porque ella puede tenerlo todo sin tener nada, repleta del perfume de una niña hermosa.

Linda brujita, salerosa ella, zamorana. Mueve su cintura y levanta pesas antiarrugas, mientras traiciona a las lechuzas guardando el secreto de enamorar, la respuesta, el truco que no tenemos las que solo nos entretenemos con el amor. Y el caso es que no es fina de oído y sus pies tapan el sol entero, de grandes. Fina estampa, dos veces morena, no permite las noches frías y acaricia informes cuando él se duerme y no abriga. “Hoy deseo por ti; mañanac por ella, pasado, los dos”. Y, si no hay diabetes, antidepresivos ni medicamentos, los estudios dicen que él permanecerá entonado y en forma más allá de los ochenta: el contento eterno, porque él está satisfecho y sin pureza.

4.12.10

**Ana María**


Repasando las portadas de periódicos y revistas varias, una tiene que elegir entre dos nombres de mujer: Ana María y Sara, Matute o Carbonero. Y no me tachen de frívola, pero menos mal que la pregunta no se reduce al interés mediático. Lo cierto es que, en el debate entre tetas postizas o Premio Cervantes, aparecen enfrentadas dos realidades, dos tipos de mujeres o de encanto femenino: todo a través de la belleza o belleza por inteligencia.

Y mirad, mujeres operadas: muchas, aunque con el gusto de Sara, pocas, ¡solo 250 gramos por pecho! Mujeres premiadas con el máximo galardón de las letras hispanas: tres. María Zambrano y Dulce María Loynaz precedieron a la académica española. Yo, que vuelo entre las letras, muchas veces me he preguntado por qué todo lo que huele a Academia, se aleja tanto de lo femenino, emulando al mando masculino. Desde las últimas décadas del siglo pasado, vivimos un cierto boom de las escritoras hispanas: Allende, Grandes, Puértolas, Laforet… y tantas reconocidas con planetas, nadales y, sobre todo, lectores. Mas los eruditos, esos que rigen con cierta caspilla los órganos del poder crítico y literario, siguen arrinconando esa “literatura de mujeres” como ligera, fantástica o poco intelectual.

Señores, hoy les felicitó por su apertura hacia la profundidad, la sensibilidad, la crudeza social y la belleza. No nos miren los pechos, la literatura no tiene género.

3.12.10

**Miedo, tengo miedo**


Lo miras, un, dos, tres… te mira. Imaginas su voz, incluso sus ideas, y parece tan fuerte, protector, masculino; puedes dudar de sus intenciones, y dudas, y eso aún lo hace más interesante. Comienza una batalla que todas sabemos cómo termina: el secreto está en la química y esta dura lo que dura. “Tengo miedo de quererte”

Lo malo de ser ave de caza es que nos gusta el movimiento, huimos del saqueo de los ya muertos, de los sin sangre, por eso de que la rapiña no tiene gran encanto, así que, lechuzo, ¡déjate de barras y bares, ven y di "hola"! “Tiemblo de verme contigo y tiemblo si no te veo”.

No hay miedo, además de plumas, nosotras tenemos corazón, podemos enamorarnos de los que temen y de los que pierden. Pero, ya lo siento, hay lechuzas de escamas, lindos pececitos de colores que navegan a ritmo de ballenato y su contoneo de colas tiene un fin: seducir al macho, plas, plas. Y no las culpéis, todo está en su cerebro, esas hembras malvadas y bonitas no pueden querer a quien pierde una pelea. En la Universidad de Stanford han experimentado con esas aves del mar que no aman perdedores, por si ocurriera lo mismo con las de mi especie, y parece que sí. Ahora entendéis nuestra rareza: no podemos amar a los normalitos, necesitamos ganadores y despreciamos a los paquetes al fútbol, a los que no escapan de una multa, a los sinceros al mus, a los malos inversores, a quien se deja pegar o robar por un ladrón…

Como peces, nuestros hombres se exhiben, con sus cuerpos, con su valor y si el preferido gana la batalla, ¡ay, madre!, la pececita gira su cuerpo y ¡viva el placer! “Castigo que yo deseo”

Mas hoy, que pintan nieves y hielos, solo desecharemos a los tristes tocaculos y chulitos varios, porque la eternidad es muy larga y hay que entretenerse. Ya dejaremos la sinceridad para hablar de nuestra propia soledad.

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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