4.11.10

**Cosas sucias**


Lástima que hoy me toque ser literal. Mis palabras no están sucias de deseo, ni de fuego, aunque algo si me toca el sudor del California, qué duro estar duro, lechucillas. Y aunque no es mi intención ser maldita por todos los guarros que campan por las sucias calles de mi ciudad, lo cierto es que ya no puedo más: restos de papeles, brillos de plata grasienta y usada, cacas, babillas verdosas, chicles y colillas en los huesos. Somos una ciudad de cosas sucias. Tan espiritual y tan asquerosamente humana, acampanada sobre restos de basuras mal puestos, orines y perros educados en la mierda por amos de excremento fácil.

Y en otoño solo espero que llueva, triste y melancólica, pero con pies limpios. Barrenderos, señores de la limpieza urbana, operarios que recogen nuestros restos, simpáticos amigos del trabajo, peregrinos de noche y de día, sin descanso, con futuro perpetuo, son siempre premiados, por todos nosotros, como fieles lechuzos. ¡Mira por dónde pisas!

Paisajes de la tierra mía, canciones de usar y tirar, ¡aleluya! ¿Seré mayor y por eso pienso en guarrerías? ¡Una lechucilla verde! Un ejemplar único y rarito, sensible y picajoso, de voz suave pero constante, que es lo que es por quien le lee y le quiere, aunque sea bien.

¡Viva las deconstrucciones del siglo XXI y a vivir del canto!

29.10.10

**Lágrimas de... Moratinos**


Debilidad, fragilidad, emociones ganan a cerebro y eso, pequeñín, está muy mal, muy mal. A lo largo de mi vida, he visto llorar a pocos hombres, la muerte y el desamor aún los derrotan. Imaginad, lechucillas, qué ocurriría si una mujer fuera tan abierta en público: seguramente se le perdonaría tanta sensibilidad, pero no se le confiarían las relaciones exteriores de ninguna empresa, ni siquiera de una desesperada y en bancarrota. ¡A tú casa a gimotear!

Pérez-Reverte no se dedica a la política, es guerrero y clarito… si hay que usar las palabras, no hay problema: excremento, suciedad, porquería, una “perfecta mierda”, además de una mierda, es una persona sin méritos. Nada de acritud.

Las lágrimas de cocodrilo son otra cosa, la mentira de quien se cree superior y engaña. “Perdona, se me fue la mano”, “me emborraché y olvidé mi nombre, tu cama y nuestros hijos”, “perdóname, a pesar de todo, te sigo queriendo”… Y si las usa una mujer… ¡correee! Si es de las listas, acabarás creyéndote culpable y olvidando que ya no la amas o que nunca la amaste. ¡Cambio amor por compasión!

Eso sí, déjenme a los futbolistas tranquilos, a ellos carta blanca, a palmearse los cachetes y a llorar en las despedidas, derrotas y mundiales, su trabajo no nos sonrojará con el “todos somos buenos para la unión de naciones, hasta cuando somos asesinos o esclavizamos a nuestros pueblos”.

Me gustan las lágrimas, de hombre y de mujer, te absuelven a ti mismo, si son sinceras.

21.10.10

** Sostener tu mano **


Es cierto que la vida es tan compleja y dura que cuesta atravesarla solo, por eso, muchos cuidan a su familia, a sus amigos, a sus mascotas o, por qué no, a su ordenador. ¿Y un lechuzo? Ellos, con solo dar la mano, parecen sentirte ganadores de cierta bula ante la soledad, y tan sencillo.

También se dice que hay dos tipos de hombres: los que te cogen de la mano y los que te “cogen”, y que estos últimos no valen una… merienda. Y, así, la hemos liado, porque una mano no es su palabra y aún no sé si va más allá de un simple precinto contra el resto de la manada, si es que les gusta irse fusionando poco a poco o es una forma tierna de sentirnos cerca o de rozarnos su amor entre los dedos, como si este naciera de la piel... ummm, ¿podré entenderlo algún día?

Yo no reniego del don que tienen sus manos juguetonas, pero, en ocasiones, mas parecen fábricas de mentiras, no como sus ideas o sus actos. Allí, los gérmenes reinan en su hipocresía antijabones. ¡Lávate, so guarro! No saben lo mucho que ganan los que hacen uso del frote posnecesidades, que no son tantos.

A pesar de todo, e incluso prevenidas, tentamos a la suerte y quebramos nuestras propias reglas: no enamorarse, no darse de más, no echarle de menos, no tocar manos de “pitos y flautas”… Y nosotras, tan tontas, seguimos dejando que sea el tiempo quien nos diga cuánto significó y proyectamos en sus caricias nuestro futuro.

“I wanna hold you haaaand”

14.10.10

**Y no es verdad dolor, yo te conozco**


Ni aspirinas, ni ibuprofeno, ni na, si el dolor te puede… enamórate. Y tan fácil. Al corazón triste y sombrío de Machado tuvieron que haberle recetado una pastillita de amor. Pero no de ese profundo, consolidado, con historia, no, sino el del atontamiento de los primeros meses: nueve, tres o uno. Si no hay dinero para especialistas, ambulancias o fisioterapeutas, ¡doctor, inyécteme amor!

Y quién soy yo para renegar de dos investigadores norteamericanos que unieron sus estudios sobre el dolor crónico y los efectos del enamoramiento, respectivamente, al descubrir que no hay malestar que no se pueda olvidar pensando en quien te corteja. Buscaron a personas a las que someter y maltratar, solo un poquito, y que estuvieran en los primeros nueve meses de una relación, no quisieron arriesgar más, y es tal la euforia, el éxtasis y el embeleso… que todo es gozo y placer: y así no duelen los azotes, fustigaciones o tendinitis varias.

Una infección, amigdalitis o empacho… alégrate: ¡lechuza, prescríbete amor!

Mas yo pienso, ¿qué pasa con la subida de la bilirrubina? Venga, yo prometo enamorarme cada nueve meses, pero no sé si compensa: todo el día colgada, blanca, roja o amarilla, con sonrisa etrusca y ojos sensibles. Flacucha y sin apetito nutritivo. Y si pretendes ser madre y te cambian la epidural por la foto del certero fecundador: ahí sí que ya no respondo, me cojo un churro de los de las clases preparto de Tomillo y me lío a mamporros, con mucho amor, eso sí.

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
masdeseisosiete