19.9.09

**Cinco minutos**




El pentagrama, el sello de Salomón, los cinco extremos del cuerpo humano, eran cinco dedos, cinco, una hora fatal, en versos de Lorca.
De toros y muerte va esta lechuza, del mundo de la magia y de los ruidos nocturnos. Y es que asumo que vamos para mayorcicos y mis tímpanos se mueren por la malsana costumbre de los albergadores de la noche zamorana por subir y subir los decibelios de la música de sus garitos.
Y, ahora, llegan los pitones, relacionados con este problema, porque todo esto me suena a táctica de seducción. Que la estrella de cinco puntas invertida es el símbolo del macho cabrío, y, por estas tierras, no son pocos los que lucen semejante aderezo.
Pero el gimnasio, las barras, y bicis voladoras no tienen voz, no te corrigen si fallas, no riñen tus desvergüenzas y el lechuzo, pobre, solo sabe conquistar chocando cuernos, nadie le explicó el significado del verbo o la efectividad de la conversación. Pues, ¡música a tope!
Nosotras, advertidas de este hecho, preferimos no escuchar, ya nos relatarán sus hazañas las amigas de su novia, que son más fiables. Ellos se han quedado para lanzar besos, custodiar señales de tráfico, regalar premios gratificando la asistencia reiterada, acompañar a casa y proponer, con gestos, veladas de mordiscos, vuelos al amanecer, desayunos en la cama. Porque, a mímica, no les gana nadie, oiga, y sin haberlo estudiado.
Y es lo que tiene el mundo de la noche, que nosotras sí aprendemos, y sabemos que, como los rodeos llevan al mismo sitio, hay que dirigir el tráfico: Estoy allí y espero, como mucho, cinco minutos, ¡circulen!

27.8.09

**A curuxa**


Dice un estudio sobre conducta sexual que, si un lechuzo te mira a los ojos menos de 5 segundos, no le interesas, si, en cambio, babea y fija su visión durante 8,2 segundos, ahí lo tienes, jadeante ante tu belleza, pensando solo en ti (queridos, ojos, he dicho ojos). Decididas a seguir explorando y comprobar esta insólita teoría, nos reunimos con otras aves cercanas, nuestras hermanas gallegas: As curuxas.

Un fin de semana para constatar unas mismas carencias, pues, aunque es cierto que la tierra recubre de carácter, la verdad es que los lechuzos se muestran igual de primarios aquí que en Alburquerque. La única diferencia está en que, si aquí llaman tu atención con la frialdad del hielo o con el calentón rural, en Vigo, te apuntan con saladas aceitunas, pudiendo parecer que nuestros aguerridos hombres de pelo en pecho han olvidado que una buena mirada lo hace todo y que necesitamos más ojo y más bala; y qué no, que a pesar de vuestra apariencia de primates y de ser tan monas, los aperitivos y refrescos nos gustan sentaditas, en terraza y, a poder ser, acompañados por atléticos caballeros.
Y qué me dicen de los bizarros lechuzos vascos, esos que nunca dicen basta. Ni los 30.000 preservativos que repartió el Ayuntamiento de Bilbao durante sus pasadas fiestas saciaron su apetito. Así, cincel y maza en mano, dos jóvenes atacaron un expendedor del látex del amor en la madrugada del martes. ¡Eso son ganas, oiga!
Seguiremos volando, buscando una localidad que capte nuestra esquiva atención.

20.8.09

**Alerta amarilla**


Ahora frío, ahora calor, y seguimos con el verano de los locos. El mismo delirio de siempre: solo sé que no sé nada. Frenesí, ensoñaciones, arrebatos varios...
Y, si todo es el macabro resultado del color amarillo, ¿imaginan el poder del rojo, de la alarma carmesí? Ay, no, que, a este paso, me veo las alas de lechuza por el suelo, nudistas de tanto sofoco.
Es evidente que todo lo rubio tiene su peligro, mas, cuando hablamos de lo climático, el problema está en que nuestras cabezas se vuelvan girasoles que bailen a la luz del apagón y nos dejen más avutardados de lo que realmente somos. Y es que los girasoles... mira que son: esconden sus intenciones de noche y giran de día. Y quién le niega su encanto al mundo vegetal: suave césped, espigados tallos, hojas de alféizar... todo, menos el cardo.
Muchas veces me pregunto si realmente alguien se cree eso de que somos nosotras las de los bruscos cambios de humor; no seré yo la que pretenda negar lo irrefutable, pero nuestra exclusiva no pasa de unas lagrimillas, una sensibilidad más ostensible y alguna mala contestación, atribuible a la hinchazón, al cansancio y a esos puñeteros retortijones que te hacen apasionarte con los publicistas de Evax. Venga, chicas, rodemos montaña abajo abrazadas a almohadas y de puro blanco. ¡Ole, ole, qué feliz soy!
A ver, nuestro síndrome nos defiende de toda acusación; lo vuestro, ¿a qué se debe? Un día, valientes; al otro, hay que llevaros de la mano como a niños de teta; domingo de pura devoción; el sábado, de la casta de los intocables.
Ya no os salvan ni las alas.

17.8.09

**Démonos prisa que el verano se termina**


Todos los años, llegado este momento, los solteros zamoranos viven, al menos, una jornada de reflexión, y es que, tanto trote, resulta agotador. Es entonces cuando nos preguntamos si aún queda alguien por conocer, descubrir, desear...
En verano, son agotadoras las palabras y, en la noche, solo hay ocasión para chocar miradas. Tomamos aire, respiramos profundamente y continuamos con esa tarea de dejarse embelesar. Y qué bien han hecho el gimnasio, las pesas, el piragüismo... Pues, no nos equivoquemos, las lechuzas somos muy intuitivas, nosotras no apreciamos músculos, vemos más allá... No son los pectorales de Antonio, ni los muslos juveniles de Roberto, ni los valores de Marcos, ¡hombre, no!
Y es que, nos guste o no, esta época de hormona caliente, nos convierte en actores de un mismo espectáculo voyerista.
Y en los pueblos, qué les voy a contar, naturaleza pegada a la piel, a la carne y a los toros. Así, las tornas parecen cambiar, los cardos pican en la capital y los primeros espadas esperan tras las barras de las generosas peñas rurales. ¡Ole, el pasodoble español!
Ya tendremos tiempo para esos fríos días en los que nos tocará besar y añorar solo a uno, el mítico, el único, el lechuzo elegido. Volveremos a ser las que piensan demasiado, las que dan siempre las mismas vueltas, las que controlan y hablan de más. Ellos, mientras, solo serán, una vez más, nuestros vecinos de Marte, de orejas verdes e incapaces de escuchar.
Lechuzas, démonos prisa, que las fiestas del cero cero amor se terminan. Para recordar mejor mañana, ya controlaremos... las fotografías.

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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