12.2.09

**Ritos de pena**


San Valentín se queda corto, sí señores, en eso de dar pena (contamos los minutos que restan para desenvolver esos regalos comprados con el original afecto del dinero), pues yo, vieja ave enamorada de la Semana Santa, sigo sin entender a qué “narices” le temen estos falsos creyentes de no sé qué: igualdad, derechos y amor al prójimo, ja. Si ni capaces son de organizar dos filas...
Discúlpenme por tener caderas y porque resalten en mi anatomía bultos blanditos muy alejados de los tumores malignos que algunos tienen por cabeza. Estoy pensando en flagelarme y cortarme los pechos, esas armas cargadas por el diablo de la tentación. Y es que las tres “ces” (católicos, cavernícolas, cabríos) me alteran los humores del cuerpo con tanta estupidez y ya estoy por arrojarles las almendras a la cara.
Juramentos, recogimiento, penitencia... Después de que los hermanos de la Cofradía del Santísimo Cristo de las Injurias hayan decidido ratificar su ya conocida hostilidad hacia las mujeres, entiendo eso del silencio. Cómo iban a explicar a sus hijas, esposas, madres, amigas, amantes y compañeras que las consideran inferiores o indignas de su disfraz de caperuz rojo.
Doy gracias por ser diferente, doy gracias por poder elegir dar vida, doy gracias porque ellos me ayudan a valorar lo que significa ser mujer. Amén.
Queridas lechuzas, deberiais aceptar sus ramos de rosas y rezar para que su afonía se mude en eterna. “Unga, unga”.

4.2.09

**Pesadillas de sutileza**


Te despiertas, noche tras noche, sobresaltada ante un sueño, una imagen terrorífica, una angustia... y un solo consuelo: esto nos pasa a todos. Pues no, también nos ha tocado la china en esto de las pesadillas. Será lo de tener conciencia...
Sus inquietudes: peleas, agresiones físicas, ataques violentos, nada encubierto o velado. Sus torturas son claras y evidentes. ¡Todo a lo bruto! Nosotras tendemos a tres tipos de sueños: los de terror, de acoso o amenazas; de pérdidas y amor o sueños confusos.
Noches interrumpidas por el miedo a cualquier atentado contra nuestra familia, emociones intensas, problemas escondidos, sutiles dilemas y, cómo no, el amor. Sueños de besos, abrazos, pasiones reprimidas por la luz del día, por el irritante despertador.
Ellos, músculos, golpes bruscos, el presente y nunca el pasado, y ¿amor?, por supuesto. Cortometrajes donde todo es clarito y fácil, del aquí y ahora. Sus referencias sexuales no tienen nada que ver con la delicadeza, con la exquisitez, con el tacto... su proyector nocturno tiende más hacia la ternura y discreción de Lucia la Piedra, ¡ay, omá! ¡Viva la fantasía!
Y luego nos quejamos de su rudeza, qué van a hacer, si es que lo llevan dentro, ahí, amarrado a sus entrañas, cosido a sus solapas. Y, si te regalan flores, joyas y palabras, no esperes más allá de ese presente, no hay porvenir ni ilusiones. No des vueltas a regalos que no ven el sol, a cortesías sin fragancia. Ni tímidos ni reservados: agua clara.
Siento que nos conquisten con silenciosas rosas rojas, teniendo sencillos claveles blancos.

31.1.09

**Ríos de lágrimas al mar**


Ya’ta, por fin una de mis lechucitas, de elegancia y clásica distinción, puede haber encontrado la respuesta, el por qué de la diminuta e insignificante potencia de sus oscuros lechuzos, y todo por un estudio que nos tiene agarradas a la silla, esperando el Apocalipsis final.
Ay, lechucitas, se nos acaba el tiempo, tic, tac, tic, tac. Parece que la contaminación de nuestros ríos y el uso de fertilizantes está destruyendo la ya poca masculinidad, yujuuuu, de nuestras truchas. Y es que, con tanto producto químico, no hay hombría que salga a flote.
Y no, no os asustéis, no es que las aletas, escamas o el mal olor se hayan vuelto anhelo de nuestro sexo, no, sino que este terrorífico descubrimiento apunta la semejanza entre la mecánica testicular de los peces y nuestros amigos lechucitos (escurridizos, cobardes, húmedos y pequeñitos, uf), lo cual hace suponer que nuestros compañeros del alma, compañeros, estén sufriendo este mismo ambiguo proceso.
¡Suspirábamos por conseguir que lo de un especimen como David Beckham fuera contagioso y lo hemos conseguido! Me veo regalando cremitas, anticelulíticos y antiojeras por San Valentín..., ay, no, que aún no he caído en semejante “ñoñería”.
La preocupación me está consumiendo, ni como ni duermo y los días pasan, la arena cae y cae y los perdemos. Lechucitas, lo siento, tendremos que quedarnos con nuestros granjeros de aroma insufrible e intenciones lascivas, ellos huyen del agua, ellos no huelen los ríos, ellos no se contaminan ni lavan. ¡Viva San Andrés y el vicio pegajoso!
Nosotras, siempre de dos en dos o de cinco en cinco, perpetuaremos nuestras esencias de mujer, respetando al que se hace respetar, más allá de títulos, novias, mujeres, tricornios y esposas.
Tic, tac, tic, tac.

**Ríos de lágrimas al mar**

Ya’ta, por fin una de mis lechucitas, de elegancia y clásica distinción, puede haber encontrado la respuesta, el por qué de la diminuta e insignificante potencia de sus oscuros lechuzos, y todo por un estudio que nos tiene agarradas a la silla, esperando solo el Apocalipsis final.

Ay, lechucitas, se nos acaba el tiempo, tic, tac, tic, tac.

Parece que la contaminación de nuestros ríos y el uso de fertilizantes está acabando con la ya poca masculinidad, yujuuuu, de nuestras truchas. Y es que, con tanto producto químico no hay hombría que salga a flote.Y no, no os asustéis, no es que las aletas, escamas o mal olor se hayan vuelto anhelo de nuestro sexo, no, sino que este terrorífico descubrimiento apunta la semejanza entre la mecánica testicular de los peces y nuestros amigos lechucitos (escurridizos, cobardes, húmedos y pequeñitos, uf) lo cual hace suponer que nuestros compañeros del alma, compañeros, estén sufriendo este ambiguo proceso.

¡Suspirábamos por conseguir que lo de un especimen como David Beckham fuera contagioso y lo hemos conseguido! Me veo regalando cremitas y anticelulíticos por San Valentín..., ay, no, que aún no he caído en semejante “ñoñería”.

La preocupación me está consumiendo, ni como ni duermo y el tiempo pasa, la arena cae y cae y los perdemos. Lechucitas, lo siento, tendremos que quedarnos con nuestros granjeros de aroma insufrible e intenciones lascivas, ellos huyen del agua, ellos no huelen los ríos, ellos no se contaminan ni lavan. ¡Viva San Andrés!

Nosotras, siempre de dos en dos o de cinco en cinco, perpetuaremos nuestras esencias de mujer, respetando al que se hace respetar, más allá de títulos, novias, mujeres, tricornios o esposas.

Tic, tac, tic, tac.

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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