14.6.12

**Arena en polvo y playas exóticas**

De tantas cosas que me quedan por aprender, las plumas se me estiran, hacia fuera y, cuando hay suerte, las cosquillas se me meten por dentro, en lo que voy interiorizando nuevos conocimientos.
Y no es una condena preguntarse por todo lo exótico que desconocemos, sin intentar cambiar nombres, países, ciudades u lechuzos, bueno, tal vez, quizá, hombres sí. Todo lo que quiere una lechuza es llegar a la sabiduría a través de la práctica de pieles, las caricias, los caprichos de cuerpos y algunos granitos de arena, que no sé por qué me saben a fuegos diferentes. ¿Arena? sí, es todo lo exótico que me cabe en esta provincia, arena de Sanabria, granos de Duero, Tera, Esla...

¿Dejará huella la arena? ¿Marcará diferente la blanca, negra de paraíso o de terruño molido? ¿Vale la pena probarlo? Tantas preguntas demuestran las ganas de otras voces y otras espumas. Las costumbres nos atan, nos enjaulan entre amores de comodidad y, sin tormentas,... poco movimiento, o, al menos, poco bueno. Nos movemos según hemos vivido, amamos según creemos que debemos amar, tal y como leemos, entendemos, pensamos, nos enamoramos e, incluso, lo que hemos sentido nos señala el miedo que estamos dispuestos a soportar. Unos se paran, otros tenemos ganas de ver más...
Ya que todos podemos ser payasos en algún momento, intento avanzar sin pensarlo y me sé algunos colores con los que tengo ganas de pintar mi cara. Paleta en rojo, pinceles en negro chocolate para amar y pensar en modo exótico. Beso penetrante, éxtasis a dos manos, kung-fu, contraer, distraer con contornos circulares, relajar y lo mejor, lo más llamativo que me queda por leer en “otros lados”: la ola de la felicidad. Arena, agua que viene y va, salitres, tanto mar y tan pocos días.

8.6.12

**La tentación vive arriba, abajo y a un lado**


No es que yo venga a dudar aquí de la fidelidad de los hombres lechuciles, es más, no tengo ninguna duda. Convencida estoy de que eso de pensar con parte cierta les hace cruzar las piernas y las ganas por no aplastar a más de una contra la pared y escalar desde su boca, y no encalados de inocencia o ignorancia, precisamente. Hoy me pregunto y os pregunto por qué no son capaces de ser felices con lo que tienen y siempre andan al acecho de faldas hendidas por la mitad.
Me dirán, ellos tan ocurrentes, que entre las de mi plumaje ocurre lo mismo: acabamos con los más cuitaicos, pero solo nos entregamos, estúpidamente, por ser más precisas, a otro, al que menos nos atiende, nos mima o mira y yo no veo eso cierto del todo, pasada la etapa hormonal adolescente, que pocas hemos superado sin cuernos y sí con algún que otro lametón de humildad, las lechuzas tendemos a enamorarnos y a olvidar a todo pomposo que se nos cruce, porque solo uno es mi hombre. ¡Desgraciadicas!
Algunos lechuzos, sin embargo, me han jurado y prometido que aman profundamente a la dueña de su mano, amarrados bien por si se pierden, sin desaprovechar la ocasión de que una, que mucho escucha, observe cómo aprovechan cualquier giro para morder mi oreja o el lóbulo de esa vecinita tentadora, una drácula, embaucadora o, simplemente, de una de esas que tanto sabe que sabe demasiado como para novia o esposa (con perdón de las simples, a las que admiro).
La cosa está, que me voy liando, en si ellos aprovechan el tirón de lo que se viene llamando “instinto de pelotas” o no son más que unos "getas," tal que hombres de la Dacia, consentidos por unas y unas: madres, amigas, liantas, novias y fijas…

31.5.12

**Es tonto, pero tiene buen culo**


Lo lamento, hoy estoy de primavera y no me sale hablar de amor puro, el calor me derrite el seso y piensan más mis ojos o mis manos que lo que viene a llamarse corazón.
Como ángeles se nos cruzan, muy de vez en cuando, ese tipo de lechuzos que nos animan a admirar eso que solo se mira, ay, y su fiebre nos hace mordernos los labios, así, sin darnos cuenta. Y hace ilusión, oiga, esos amores que se entienden por lógicos, como subidas hormonales sin más, como reclamos de brisas de azúcar, de caña, remolacha o café con hielo, todo para darnos algo fresquito y mineral para beber, todo sin alma, tranquilas.
Aventuritas, sin más, porque el chico está guapo, bueno, macizo, ya tú sabes y, si la vida te lo puso en el camino... la culpa, a ella, que tú de penas ya no quieres saber.
Pero, sí, las ilusiones, por muy ardientes que se nos muestren, tienen sus pequeños inconvenientes. Nadie pidió conexiones más allá, porque todo lo que quieres va de más pa’ca. Unas poquitas de mariposas, un poquito de ruido bien batido y mucho pa’ca... Y llegan las palabras.
La máquina tiende a seguir rodando y un día el lechucillo, confundido, decide abrir la boca para algo más. Lo imaginabas: ¡mejor no hables!
Antes, lo tenías y lo necesitabas, ahora ves que te dio todo lo que te podía dar, y ya. Se va la conexión, los lazos físicos, la piel no vale y nada le quieres dar. ¿Se rompió, tal vez de tanto usarlo? Evidente, obvio, claro: se rompió de solo usarlo sin dejar un trozo a otro tipo de alimentos. Antes de mirar... nos tocará conseguir que nos dirijan unas palabras, como si fuéramos respetables.
Y yo lo intento, pero el efecto que me causan ciertas locuras hacen que la historia se repita, más aún en primavera, y sí, ya os lo digo siempre, lechucillas: es tonto, pero tiene buen culo. Mañana, que será otro día, ya diré que no, ¿no?

24.5.12

¿Qué hacer con un novio coñazo?

Si te toca, mejor que sea bien, uno de esos arrimados oficiales, la cruz que arrastrarás en tu día a día te dejará llagas sangrantes, en pies, manos y no te digo nada del aguante. Pero, ahhh, tú eliges, tú te lo quedas para que no ande rotando, que no está la cosa para que tu capullo se pierda buscando espinas entre otras mejillas. ¡Todo entero para ti, apúntame su nombre!
Ponte en plan Cristo Redentor, Corcovado, abierta de brazos e ideas, disfruta bien armada y déjale a él cargando a cuestas su cruz. ¡Qué cabeza dura! Mi amor, churri, princesa o “eh, tú”, qué es hora, no hables tanto, no te pares con ese, no mires, no salgas, no compres, uf, mira el reloj, vámonos, ponte falda o pantalón, cuál es la raíz cuadrada de uno mismo. ¡Dónde está la epidural para solteras!
Y el caso es que no lo vemos venir y, luego, ya es tarde y lo quieres, ¡la hemos liado!
No sé vosotras, pero yo aún no he obtenido la fórmula exacta que te ayude a dejar de querer a quien no te quiere bien o, al menos, no te sabe querer. Pasado un tiempo, salido el ogro, no hay sonrisas, ni caras bonitas, ni anhelos y estamos con un hombre nuevo que, fijo, no ha sido un regalo de ningún cielo. ¡Y lo que nos gusta un ser salido del infierno y una buena mortificación!
Pero, no os preocupéis, próximos novios coñazo, en el fondo, los hombres nos gustáis así, de uno y otro lado, de arriba y abajo, venidos por la izquierda, cuclillas o a cuatro patas, lobito feroz. Esta vida es una guerra, más en el amor, y los soldados coñazo, parece ser, tienen la suerte de salir victoriosos...
Decidme, lechucillas, yo que ni extraño y apenas caté el sabor de un plasta en condiciones, ¿qué tienen que nos ganan esos que son poderosos por no dar ni arriesgar nada?

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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