11.5.12

**Condenadas a repetir**


Nunca ha sido un castigo tener que comprobar una y otra vez un mismo producto, si la calidad acompaña, claro, y el chico está rico, la cosa nos sale a probaduras diarias.
Pero qué decir del bucle vital. ¿No habéis notado que tenemos tendencia a meternos por el mismo agujero de forma cansina y repetitiva? Estoy repasando mi lista privada y la pública y notoria, intentando descubrir el punto en común entre mis pasados amores… y el que más se repite me lo guardo para mí, que me deja en mal lugar. Tal es mi máxima: quien habla mal de un ex, habla mal de sí mismo (aunque nos lo ponen difícil, algunos).
Si me pongo a releer las listas ajenas, es curioso: algunas me repetís en nombres, ¿será por no confundir o que el sustantivo propio imprime carácter? Otras tenéis tendencia a querer buenos alimentos, cocinados y en crudo, a mordisco latiente. Me hace sonreír una de vosotras, por siempre acabar enredada con todo lo contrario de lo buscado: gomina, corbata y perfumes que empalagan. Luego tengo, que tengo de to, una que acierta: quiere hombres muy hombres y hombres muy hombres tiene, aunque alguno salga corriendo. Qué decir de la amiga de las flores y gemas preciosas, tal esto estudias, tal campo tienes y, entre cursos y seminarios, te salen tractores.
Algunas se me ponen exóticas y sacan el mejor rendimiento a lo que sabe a extranjero, morenito o europeo, del norte o del sur, pero con acento latino, ruso, dominicano… ¡Quién dijo miedo!También tengo una adoradora del producto raro y algo canalla, de estos que van de especiales, artistas únicos y altos que luego son malotes al uso. Y yo sigo intentando adivinar esa debilidad mía: fibrosos por deportes, indomables, con un toque a terruño propio, inteligentes y rebuscados, complicados y amantes de la mujer, así, como género conjunto, enseñantes, padrazos y niños, con canas, sin pelo, con mata y, venga, sí, algún que otro capullo, siempre en flor.


Nosotras, de lo bueno, lo mejor. No nos quejemos, ¡Nos pierden los lechuzos!

3.5.12

**Decir amigo**


Si nos metemos en el mundo de las relaciones, un espacio del que uno sale chutado a lo grande, eso de decir amigo... suena más a mono de irrealidad. ¿Se puede mantener la amistad tras la ruptura? ¿Te puedes tomar un par de vinos, contarle penas y amoríos a un ex? ¿Dirás bondades de su nueva barbie de supermercado?
El fusil se carga tras el adiós y cualquier pequeño roce puede desatar una bomba que no se autodestruirá sin un estallido de recuerdos, de vuelta a lo mismo, de celos de la propia y actual o de tristeza y olor a cuernos. Y, tal y como está la cosilla del fisco, políticos y dineros, mejor que nos expropien nuestros odios y nos dejen los vientres tranquilos.
¿Y esto sucede porque fuimos amigos?, ¿porque nos amamos?, ¿porque nos conocimos o porque lo oculto se nos aparece después de? Egoísmo puro, graciosa ceguera, maquinaria cerebral para evitar el sufrimiento de perder lo que creímos nuestro.
Y quien dice amante dice amigo, tal cual os lo cuento, no en el toqueteo, pero sí en la huida. Todos nos utilizamos, todos requerimos cariños y sacamos de cada uno lo que nos da vida, consuelo o calorcito... solo queda entender que algunos levantarán el vuelo antes y otros nunca nos dejarán. Y no es ni bueno ni malo, ni unos mejores o peores. Cada cual cumple su función: tú volarás por mi vida y será bueno; tú no solo pasarás, te quedarás entre mis rejas, y más te vale que seas bueno, porque tenemos que hablar de muchas cosas...
Mil veces conoceremos, espero, caritas y serranos, cuerpos y tallas, malos bichos y uno o dos amores, tres, cuatro, como mucho, seis compañeros de vida y muchos amigos, colegas, conocidos y ex, y será bueno. Pero, no nos engañemos, yo puedo ser tu amiga, corazón, porque soy sabia y madura (jajaja), pero hay tanto gilipollas fundador ahí fuera.

26.4.12

**Desarreglos en toda regla**

Siendo sufrida, como toda lechuza preciada, no puedo confiar en esos que nunca han sentido dolor, que no han tenido penas y solo señalan sus propias alegrías. No me fío, lo siento, de esos a quien la vida no osa curtir a fuerza de golpes y trompicones, tampoco de quien no es capaz de mal hablar de vez en cuando y menos de los que no aprecian un buen trago. ¡Me gustan los humanos defectuosos!
De amarguras, sentires y colores lejanos al marfil, entendemos las lechuzas: una vez al mes, martirio femenino, dolores y tristezas que pregonan la suerte de ser mujer. Todas premiadas con puñales atravesados en el vientre, ¡qué repiquen las campanas! Y serán esos pesares los que permiten que seamos capaces de sacarle partido al quejido, a que tu vientre se convulsione puntualmente, o no. Así salimos de la adolescencia, con la suerte de ser sensibles a ciertas cosas que los agraciados lechuzos no pueden apreciar.
Quién de nosotras no ha escuchado ante su propia cara eso de “los desarreglos son normales, cosas vuestras que tenéis que sufrir, mejor en silencio, sin molestar”, “si te vuelve a pasar: reposo absoluto”. ¡Viva la ciencia médica! En este caso como en pocos, se hace palpable, abofeteable y notorio lo bien que sabemos sufrir y lo poco que los flagelamos a ellos. Díganle a un señorito que se quede quieto porque no hay más remedio, díganle que una vez al mes le va a doler el alma desde dentro... Pronto habrían impulsado el estudio de sus entrañas y más rápido se sacarían pócimas que acabaran con sus desangradas debilidades, con sus anemias y su par de ovarios jipis.
Un cuchillo y una espada carmesí deberían sentir una vez, solo una, para que se tiraran de la cama y adorarán hasta nuestra sombra por esa “malasuerte” que nos da el “gusto” de la maternidad. ¡Un altar para las drogas, somníferos, antiinflamatorios y síndromes pre, que es lo único que pueden entender!

20.4.12

**Cartas a una lechuza**



El cartero siempre llama... una, dos, tres veces, y eso que nosotras no somos de repetir (¿o tal vez sí?, por mejorar, más que nada). Mil veces me dejaría llevar por esas pasiones de susurros, por Lana Turner, John Garfield, por el erotismo, el romanticismo, por la sabiduría de Neruda… tantas cosas perdidas y dichas con un solo nombre: “cartero”.
Y resulta curioso, no me lo podéis negar, que la evolución del amor vaya pareja al futuro de esta profesión que a mí me llama más en blanco y negro que en azul y amarillo canario, colores correos oficiales, pío pío. Hace unos días, alguien a quien quiero me recordaba la magia perdida del repartidor de cartas, postales y paquetes varios, con esas cuerdas irrompibles y sus letras a mano... Esos hombres que se negaban a manchar su oficio dejando sin correspondencia al correspondido de turno: "dime tan solo un nombre, yo lo entrego", porque se conocían vecinos, primos y noviazgos en ciernes. Así, todo lo intuían antes que nadie, ¡golfillos!
Ahora manda el ya, rápido, con WhatsApp, mensajes electrónicos, códigos postales… tan poco especial: aquí te pillo, aquí te mato. Según se pulsa el ratón, tecla o botón, casi uno se olvida de esperar y, mientras nadie te pide una respuesta, el buzón de casa vive de la propaganda y tú por nada desesperas.
La fiebre por besos, por palabras de pluma, por caderas de ficción y músculos solo para ti no resiste al día a día: nos gana el tiempo, porque no hay nadie que aguante, mantenga o persevere en curar penas con una atracción soñada e imaginada cada vez más, con golpes en el pecho con el paso de los días, ahí, doliendo de verás, en sentir y añorar ganas de todo.
No os ahorréis el acuse de recibo, hasta un adiós es mejor con una carta. Delante de un papel, uno se entrega o miente mejor, y queda mucho más bello ese "nunca se sabe", "no ha sido culpa tuya". Lechucilla, es así de fácil: tú le engañas, él te engaña y tan contentos con esa carta más bonita del mundo. 
Siempre las mejores líneas al amor, las más inspiradas, son las que se escriben en los últimos momentos, volcadas en ruinas, cuando no hay amantes, ni ángeles y solo se aparecen esos diablos que enloquecen a quien juró amarte un día.
No hay vinagre, lechucilla, para curar tus heridas, solo nuevos amores por venir, una mora, sabrosa y verde, con o sin firmas de "por siempre, tu amor". Motivos hay para una alegría, ¿de primavera?

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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