20.1.11

**Poniendo nombre a los animales**


En esta semana de luna llena y San Antón, tenía que acordarme de los animales: profundos en miradas, dueños del presentimiento, enigmáticos e hijos de la razón. De perros y gatos, felinos, lobos e incluso de esos lagartos tan fríos se ocupa solito el santo ermitaño, venerado por quien ama a otras especies, por los sepultureros y por las que desean novio… ¡Curioso enlace entre los seres irracionales, las tumbas y los lechuzos emparejados!
Y, a pesar de que el beato egipcio sea patrón de las lechuzas, esta que escribe, y no os puede extrañar, se siente más cerca del intimidado San Cucufato, por eso del miedo a los nudos mal hechos. Sin embargo, San Antón se presta a las ataduras, a los vínculos, a las cadenas y “arremejes” que impiden el movimiento, con tanta dedicación que dispone sus atributos varoniles ante las necesitadas de amor duradero. Cuadrados los tiene el santo, si es que aún los tiene, después de más de cinco siglos poniendo a prueba la puntería de las solteras malagueñas, que son bendecidas con tres oportunidades, tres, para darle con una hermosa piedra a los cuerpos esféricos colgantes del privilegiado varón.
La pedrada, podadora de masculinidades, parece colmar de bienes a quien acierta: con uno, dos o incluso tres lechuzos entre los que elegir en pocas fechas. Yo, que prefiero los gozos a los pozos, seguiré poniendo motes a los animales, con un biquini cortado con el patrón de Sabina o Dylan, al cocodrilo, al diplodocus, al ornitorrinco, a un avatar de cuerpo azul y a Rodolfo Langostino si hace falta. ¡Qué mogollón! ¡Pibe, “llevame” a casa!

13.1.11

**Con uno es suficiente**



Dicen los que entienden de estas cosas de la mente, que el primer beso permanece en nuestro recuerdo por los siglos de los siglos… Y esto es una crueldad infinita, porque los primeros… nunca dejan buen sabor: es como un tonteo ridículo entre, por lo menos, tres narices y cientos de dientes babosillos. Sea el primer amor, el primer achuchón, marido o cita, siempre nos queda la sensación de que nos dejamos algo por hacer o que hablamos de más o quisimos de menos.
Y cuando se es lechuza maliciosa, ese es nuestro purgatorio, por el que pasar una y otra vez, como si fuera el monstruo de la última pantalla, que siempre se cruza en el camino después de muchas bombas, saltos, manzanas, melones, pomelos, limones y sandías varias. Una, dos citas y dicen que la tercera… ya es amor, ja, si no podemos ni superar el inicio… cómo espera nadie que encontremos al príncipe de Persia; el jodío, él con dagas y espaditas y nosotras a pecho descubierto (turgente, natural y por descubrir, eso sí).
Sin embargo, ciertos lechuzos tienen la rara habilidad de convencer con su sonrisa picarona y, cuando te quieres dar cuenta, estás encajando las piezas de un tetris de trabajo, familia e hijos por educar. Es tal su portento que las más impasibles, tan solo con una cita, beben de sus bocas ese chupito envenenado de “con uno basta”. Y estas pobres esposas se creen con derecho a un servicio de reparaciones que se haga cargo de todos los defectos de fabricación. Ay, lechucillas, a los 2 años la garantía caduca y no funcionarán ni con celos ni piques varios.
Dos, tres, cuatro... nunca sobran.

10.1.11

**Un Baltasar menos oscuro**


Sorprendida me hallo tras tantos regalos, y el mejor de todos me lo trajo Zapatero, que, con tanta unión de naciones, se ha portado como un auténtico rey de Oriente y ha limpiado mis aires de humo, y digo míos, porque las aves nocturnas paseamos entre tabernas y los vicios de otros nos nublaban el entendimiento, y he dicho de otros.
Pero hay tantos que no ven las ventajas: ahora los fumadores disfrutan de la luna, del fresquito nocturno, ejercitan las piernas y descubren, junto a otros conquistados por la nicotina, lo bueno de una conversación profunda sobre el amor, el trabajo, el socialismo…
Más obsequios de año nuevo: grasilla en las caderas y polvorones pegados en las barrigas propias y de extraños. Mas, penas fuera, lechucillos, a más manteca y roscones acumulados… más estrógenos para la resistencia, o eso dicen unos investigadores turcos. Y ahí está la duda, y yo no sé qué aconsejaros, ¿seguimos decantándonos por los finos y bellos amantes de lo precoz o damos preferencia a los gorditos de pinchitos, figones y Santa Teresa cola?
El caso es no darnos nunca el gusto de tenerlo todo en uno: cuando están guapos… siempre somos una más de sus frentes entre rubias y morenas y fallan en el remate; si sus abdominales flotan en la gordura… muestran mejores inclinaciones hacia la cordura, pero… Vamos, que ahora entiendo el placer que producen las gambas a la mayonesa, mucha cola y poca cabeza.

27.12.10

**Por amor al arte**


Yo soy una auténtica lechuza mecenas, pues amo profundamente el arte. Pero no ese renacentista del óleo, la poesía o el romance con volúmenes femeninos, me gustan los músculos sencillos.

Siempre las mujeres hemos sido la referencia de la imagen, curioso que a los lechuzos no se les imagine surgiendo entre las aguas, cual perla en una concha, y sí más de blanco desnudo de mármol, frío, vacío, sin ojos que dejen ver… Imagino que somos musas de la literatura por la vida que hay detrás de cada una de nuestras miradas, porque por cuerpos… ¡ay, qué listicos griegos y romanos!, dónde este un miguel ángel morenazo, no hay sitio para más ideas. Y como del mundo de las ideas yo no quiero entender, me quedo con el arte, el que no tiene utilidad ni sentido, el surrealista, el de la belleza que nace de los sueños, no quiero palabras y sí sonidos sin reglas; de tus manos regálame solo la piel, en un juego de amante y amigo, aráñame, pero no busques carne prohibida a tu mente.

Los lechuzos son, más bien, de otro tipo de genio y su duende se va más a eso del arte de ofrecer gato por liebre, un artificio que no precisa inteligencia pero al que sí que le sobra testosterona.

Dice la lechu de los zapatitos que de un hombre solo pide que la quiera, lo cual, dicho de su boca, parece hasta poca cosa. Y es que la niña tiene espíritu de ganadora y es ambiciosa, y aún cree en ojos azules, no me escucha, pero debería centrarse en el David: callado, inmaculado, impoluto, ¡tócale y déjate de quereres!

¡Feliz Navidad, lechucillas!

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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