29.10.10

**Lágrimas de... Moratinos**


Debilidad, fragilidad, emociones ganan a cerebro y eso, pequeñín, está muy mal, muy mal. A lo largo de mi vida, he visto llorar a pocos hombres, la muerte y el desamor aún los derrotan. Imaginad, lechucillas, qué ocurriría si una mujer fuera tan abierta en público: seguramente se le perdonaría tanta sensibilidad, pero no se le confiarían las relaciones exteriores de ninguna empresa, ni siquiera de una desesperada y en bancarrota. ¡A tú casa a gimotear!

Pérez-Reverte no se dedica a la política, es guerrero y clarito… si hay que usar las palabras, no hay problema: excremento, suciedad, porquería, una “perfecta mierda”, además de una mierda, es una persona sin méritos. Nada de acritud.

Las lágrimas de cocodrilo son otra cosa, la mentira de quien se cree superior y engaña. “Perdona, se me fue la mano”, “me emborraché y olvidé mi nombre, tu cama y nuestros hijos”, “perdóname, a pesar de todo, te sigo queriendo”… Y si las usa una mujer… ¡correee! Si es de las listas, acabarás creyéndote culpable y olvidando que ya no la amas o que nunca la amaste. ¡Cambio amor por compasión!

Eso sí, déjenme a los futbolistas tranquilos, a ellos carta blanca, a palmearse los cachetes y a llorar en las despedidas, derrotas y mundiales, su trabajo no nos sonrojará con el “todos somos buenos para la unión de naciones, hasta cuando somos asesinos o esclavizamos a nuestros pueblos”.

Me gustan las lágrimas, de hombre y de mujer, te absuelven a ti mismo, si son sinceras.

21.10.10

** Sostener tu mano **


Es cierto que la vida es tan compleja y dura que cuesta atravesarla solo, por eso, muchos cuidan a su familia, a sus amigos, a sus mascotas o, por qué no, a su ordenador. ¿Y un lechuzo? Ellos, con solo dar la mano, parecen sentirte ganadores de cierta bula ante la soledad, y tan sencillo.

También se dice que hay dos tipos de hombres: los que te cogen de la mano y los que te “cogen”, y que estos últimos no valen una… merienda. Y, así, la hemos liado, porque una mano no es su palabra y aún no sé si va más allá de un simple precinto contra el resto de la manada, si es que les gusta irse fusionando poco a poco o es una forma tierna de sentirnos cerca o de rozarnos su amor entre los dedos, como si este naciera de la piel... ummm, ¿podré entenderlo algún día?

Yo no reniego del don que tienen sus manos juguetonas, pero, en ocasiones, mas parecen fábricas de mentiras, no como sus ideas o sus actos. Allí, los gérmenes reinan en su hipocresía antijabones. ¡Lávate, so guarro! No saben lo mucho que ganan los que hacen uso del frote posnecesidades, que no son tantos.

A pesar de todo, e incluso prevenidas, tentamos a la suerte y quebramos nuestras propias reglas: no enamorarse, no darse de más, no echarle de menos, no tocar manos de “pitos y flautas”… Y nosotras, tan tontas, seguimos dejando que sea el tiempo quien nos diga cuánto significó y proyectamos en sus caricias nuestro futuro.

“I wanna hold you haaaand”

14.10.10

**Y no es verdad dolor, yo te conozco**


Ni aspirinas, ni ibuprofeno, ni na, si el dolor te puede… enamórate. Y tan fácil. Al corazón triste y sombrío de Machado tuvieron que haberle recetado una pastillita de amor. Pero no de ese profundo, consolidado, con historia, no, sino el del atontamiento de los primeros meses: nueve, tres o uno. Si no hay dinero para especialistas, ambulancias o fisioterapeutas, ¡doctor, inyécteme amor!

Y quién soy yo para renegar de dos investigadores norteamericanos que unieron sus estudios sobre el dolor crónico y los efectos del enamoramiento, respectivamente, al descubrir que no hay malestar que no se pueda olvidar pensando en quien te corteja. Buscaron a personas a las que someter y maltratar, solo un poquito, y que estuvieran en los primeros nueve meses de una relación, no quisieron arriesgar más, y es tal la euforia, el éxtasis y el embeleso… que todo es gozo y placer: y así no duelen los azotes, fustigaciones o tendinitis varias.

Una infección, amigdalitis o empacho… alégrate: ¡lechuza, prescríbete amor!

Mas yo pienso, ¿qué pasa con la subida de la bilirrubina? Venga, yo prometo enamorarme cada nueve meses, pero no sé si compensa: todo el día colgada, blanca, roja o amarilla, con sonrisa etrusca y ojos sensibles. Flacucha y sin apetito nutritivo. Y si pretendes ser madre y te cambian la epidural por la foto del certero fecundador: ahí sí que ya no respondo, me cojo un churro de los de las clases preparto de Tomillo y me lío a mamporros, con mucho amor, eso sí.

8.10.10

** Kiss me, love **


Sensible, tierna y especial, una Norma Jean ahogada tras la cara platino de Marilyn. Incluso ella dudaba de su voluminosa belleza y, resignada a no ser querida, dejó para la intimidad esos “Fragmentos” poéticos que mostraban su inteligencia. Y es que las lechuzas, si dejan ver algo, es solo una insinuación de todo su atractivo interno. Un hombro, una pierna, el intervalo entre unos pechos… no son apenas nada. ¡Tanto y tan bueno!
Sus películas y versos me saben a besos clásicos… llenos de picardías, ideas, literatura. Y, sobre esos mordisquitos en el alma de los labios, me pregunto: ¿queremos novelas oscuras, policíacas, de buscar al ladrón oculto o preferimos esos besos ahítos de caricias, los que susurran sin apenas tocar? ¿Con los ojos abiertos o con la imaginación? Los besos con la mirada cerrada siempre me han parecido más románticos, porque parece que, en la vida, las cosas realmente sentidas se hacen a oscuras. Mas no contaba yo con la imaginación de los lechuzos… Si su pupila azul se posa en nosotras, tampoco será mala cosa que se centre solo en ti y en tu pequeña boca, ¿no?
Es decir, no pongas tan caros tus besos y, si te topas con un buen cuerpo, deja que te cante un lento kiss me love y se llenen de deseo sus ojos, su boca, incluso sus palabras. “Poo pooo beee dooo!”

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
masdeseisosiete