3.4.12

**Quién me presta un madero**


Siempre clavaditas, vivos osarios andantes, y aún nos quedan ganas de cantar buscando escaleras para subirnos al madero a colgarnos de la cruz, o para colgarnos de un madero que nos haga cruces por enterito el cuerpo. ¡Ay, semana de pasión, dolor y resurrección de la carne!
¡Carne!, dónde. Por mucho que las lechuzas estemos dispuestas a hacer caminos, a tostarnos las carnes, vuelta y vuelta, contra el olor a experta, lo cierto es que ya sabemos mucho y... eso se nota. No perseguimos ni glorias, viejas o jóvenes, no pisamos donde ya hemos pisado, roneadas por guapos, roneadas por listos, roneadas... y el caso es que no rezamos... ¡Va a ser eso! si no pides a los santos... te escucha  el ángel de las tinieblas y te devuelve una y otra vez ante el mismo tren. Yo, no sé vosotras, pero me niego a comprar el pasaje de un convoy caducado. Si no bebe, qué corra, qué pase y no regrese con sus palabras de amor, ni sencillas ni tiernas.
Y como me he puesto caperuz de terciopelo, a lo semanasantero, zamorana que es una, y mucho, no puedo obviar el principio de la primavera, el fin de este invierno soso, rasgado por la falta de moje, caldos, pringues, sustancias y salsas, y la niña de las flores, la mujer bonita, olorosa, perfumadita de brea y mucha resina (para pegarte bien al Loctite de mis ojos), engomada y a falta de polinizar, me llena, me cubre por dentro y embellece mis intenciones por fuera. ¡Malvada!
¿No os hace un paseo o una procesión? Mis lechucillas bonitas, mis milanas, hilvanadas con hilos de seda y lino, duras, suaves y atrevidas, ha llegado la hora de lucirse. Operación bikini, la llaman, ¡ja! Operación escóndanse todos, le digo. Yo que ustedes, caballeros, me dejaría la cabeza en casa, por si la andan dejando, perdida, por ahí.

29.3.12

**Es el momento de encontrar morenazos **

Puesto que Gallardón no parece entender más que de mujeres y depilación cejil, nosotras, a su manera, hoy vamos a sumergirnos en las profundidades de lo que significa ser hombre, varón, macho de pelo en pecho, gentilhombre de fina estampa, vamos, lechuzo en general y en particular (cada una que recree el cuerpo e imagen del suyo propio, que bastante tengo yo con recordar las caras de los míos).
¿Estar en el lado opuesto implica ser padre?, seguramente no más acá de los treinta y tantos, edad crítica para las ganas reproductivas de “mis hombres”, dispuestos a repartir semillitas a diestro y siniestro, qué hay prisa, hay prisa, en plan fabada asturiana. Descartamos padre, entonces. ¿La libertad es condición masculina? Tal que lo pudiera parecer, sí, por la ausencia de esa extraña apetencia femenina de cuidar a los suyos y sentirlos protegidos de pecho en pecho, pero su pensamiento es dirigido y todo depende de lo que pende, con lo que un día surge de entre las aguas una más lista (cosa poco común), y le corta con su concha de nácar… las alas, a lo bonzo y sin previo aviso. ¡Pobrecito lechucillo!
¿Sensibles? Sí, al sol y a la cera caliente. ¿Amantes de las rosas? Para pedir perdón, por siempre jamás. Lo que no me pregunto, pues es palabra de Manolo Escobar, ley de puro español, son las tres reglas que califican a la raza española: sencillos, realistas y piden poco: “que me hagas la vida agradable”, nada hablamos de dar, dan por descontado y en efectivo, nunca afectivo. “Tú pídete lo que quieras”.
No voy a ser cruel, que eso es más propio de urracas, e intentaré imaginar que el señor ministro de lo justo envidia eso que no tiene: la opción de la maternidad, y es una lástima que tan mal explique que ser madres no nos hace ni más ni menos mujeres y se olvide de que la ausencia de dones sí es denominador común de los hombres. ¡Ole, qué a gusto!

22.3.12

**Elige si habla o actúa**

No conozco lechuza que no desee que llegue de otros mares, o de estos ríos, un marinero que te hable. Que con su gorrita, arpón y listas azules te atrape entre redes de cuerpos y versos. Mas esta vida está pensada para enloquecernos con esto de no poder juntar mitades perfectas, por no haber, no se han hecho ni cuartos normalitos y así nos quedamos, sin campanadas ni multiplicación de los peces pam, pam, pam. Enteritas perfectas, eso sí, pero sin ver el mar desde su ventana. Y no es que una, espabilada como soy, esté pensando en esas de naranja de cuyo gusto solo queda el ácido cuando se han ido. Más bien, me pregunto por qué no se nos cruza un lechuzo de esos completitos, tampoco pido tanto: solo que hable y actúe. Es lo que siempre digo: menos palabras, palabras, palabras y más tirilili.
¿Dónde estará la virtud? Los que son magos en eso de tomar y coger; llegan, manejan sin comentar y no exigen de sentimientos, conversaciones, juramentos o amores... y nos regalan una vida silente y tranquila. No inquietan, es cierto, pero el silencio no arropa en invierno y yo, discúlpenme, tengo frío. Te faltarán discusiones, piques, reconciliaciones y te sobrarán lucimientos. ¿Merecerá la pena ese lechuzo vacío que llena un espacio más que otro? Na, esto no suele durar, por mucho que frote y refrote, ¿no?
Luego están los que saben de flores, promesas, tequieros, los que hurgan y te colocan a fuerza de adjetivos. Bla, bla, bla. Más sequía, ¡vaya año!, nos regalarán las orejas, sí, nos pintaran, pero no derramaran ni una gota de cuerpo. Días bellos, delicados y preguntas. Excesos con agobios y carencias en caminos ondulados. ¡ole el parloteo!
Dónde están los completos, si no pedimos tanto...

15.3.12

**Salud, dinero y... coraje**


Con esta letrita misma, podríamos elegir otro camino hacia la felicidad: salud, dinero y un cuerpo, tampoco estaría mal. Pero los cuerpos también traen problemas, ¡y tantos!, y el coraje suele ser un buen remedio para todo tipo de cruces, crisis y cohabitaciones varias, por dejar lo de las cópulas, camas y comas.
Soluciones para sobrevivir: aguas del mes de marzo y rocío podrían valer, al menos por hoy. Aunque, cierto es, las lechucitas me han señalado cientos de veces que la felicidad poco tiene que ver con el misterio o lo oscuro, que el camino está en las brechas, en los huecos que construyen nuestros muros, en las separaciones, no tan odiosas, y en untarnos de coraje manos y pies. Un recorrido duro, sano y placentero. Y, por mucho que ayude un buen culo prieto, que el roce malitas nos hace,... qué valientes son mis niñas, dando el pecho, el do y palos, si así lo dice el destino.
Aguas de marzo, promesas propias y nada de cerrarse, nacidas en este mes, me hablan muchas flores de esas que encuentran alegría en la espera, en la soledad y en las ganas, incluso se agarran a los puentes, a los cuentos, a volar entre peces, piedras, ruedas y ranas (y algún sapo). ¡Cuánta vida! ¡Qué plenitud en la treintena! ¡Qué felicidad en el abrirse!
Para que luego otros nos señalen las falsedades de nuestro sexo, que si fingimos, gemimos mentiras en la cama para levantar los egos ajenos, que si abordamos su falta de seso con dolores de cabeza sin sexo, que si antojos, compras y gustos pijos. Enfrentados al Diablo, mismamente.
Sensibles como dos gardenias, amorosas como las pequeñas cosas y maestras de la incredulidad, mis niñas, duras como piedras, como el número siete de la calle melancolía.
¡Ole vosotras y vuestro querer!

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
masdeseisosiete