8.3.12

**El Día del Hombre Pez**



Tendría que darles un voto de confianza a quienes celebran el “Día de la Mujer” como algo bueno para las celebradas. A mí me enfrían este tipo de “días”, me muerden la razón, no sé si regalarme algo o pedirlo. Pediré un deseo, por si cuela... Soy mujer, que quieren, todas iguales, superficiales, coquetas y responsables. ¡Ja!
Sé que esta es una forma de no callar, de recordar, de intentar escapar de un pasado y de un presente de violencia, en algunos casos, pero ya va siendo hora, al menos en Occidente, que aún nos queda por vivir la “primavera árabe de las mujeres”, de que nos animemos al Día de la Libertad. Seamos libres de ser madres, esposas, solteras, sosas o chonis. Seamos libres de penar de amor o por dinero. Elijamos poder elegir, y no me digan que depende de los otros, no, lechucillas, no. Libre porque yo quiero y puedo. 
Hoy he decidido crear un día, pero no por reivindicar o sacar del olvido, sino por ver si se extinguen los hombres, no todos (miren la foto, ay), solo los que exhiben su memoria de pez. Todo para dentro, no sé de dónde, pero ahí se les queda. Nosotras, habilidosas de la palabra, ellos, habilidosos con el olvido. Hoy es mañana, pasado es mañana, mañana será mañana, y nada duele fuera de su alma. Los músculos se trabajan, se muestran y de los agujeros solo salen besos... como cura de sus azotes. ¡Perdidas cabezas del infierno! 
Y el caso es que aún no sé si ha de molestarnos o no que se pierdan... ¡Viva el Día de la Libertad! A ver si aprenden los peces vacíos de presente y sueltan la lengua. ¡Ay, mi vida, te voy a ver y voy a pintarme la piel de oscuro para que amanezcas conmigo!
Rojos, chiquitines, rápidos como sombras, lentos como la geografía, pero libres y frágiles como burbujitas del amor. Hombres nuestros por un día, pececitos de colores del querer, por un día, todo solo por un día... Naaaa, no compensa tanto aleteo y tanto discurso femenino. Tal vez, quizás, si me buscas, si empalagas mi boca con tu nombre o atas mi cuerpo... Con todo, nunca será festivo para mí este Día de la Mujer mientras permanezca la violencia machista (no de hombres), la que mata, agrede mentes y esperanzas, la que destroza maternidades y humilla a las que comparten conmigo algo más que razones. 
¡Viva nosotras, con tiempo y sin penas!

1.3.12

**La doble vida de un pecho**


Igual que las palabras cambian de sentido según el orden, la entonación y el contesto, un pecho puede ser algo más que un pecho o algo menos. No es lo mismo decirle a alguien ¿hoy no te has acordado de mí? a ¡hoy no te has acordado de mí! (no me miréis así, tengo un lado mimoso) y no es lo mismo la forma de un pecho cuando es adorado a cuando es vilipendiado por guantes de látex o maquinitas venidas directas del infierno en su versión congelada. ¡Me pueden las ganas de aplastar mis mejores carnes a golpe de mamografía! He leído que muchas mujeres maduras, por lo tanto doctas en eso del ser bien tocadas (o ya están tardando), están deseando que, además de enseñar a pinchar, les enseñen a las enfermeras (señoritos haberlos los hay) a tratar a esas esferas del apetito carnal convenientemente: no me sean ordeñadoras mecánicas, con ternura, señoras, pasen la mañana tocando como quisieran ser tocadas.
Dobles vidas, palabras y reproches… todo me lleva al tema ex. ¿Les podemos desear lo mejor y todo lo mejor? Vayamos por partes y fases: primero, intensamente los amas, los odias o ignoras, dependiendo de cómo y de quién venga el dejarse; luego intentas olvidar la nueva soledad con unos y otros e incluso los defiendes ante atacantes amistosos; seguidamente, te conviertes en su paño de lágrimas, paso previo fundamental para que los aguante otra, pelucona rubia, generalmente, y con más dientes que inteligencia, pero con mucho amor más para dar, amor del bueno, “a pecho descubierto” (he de decir que esta pobre no tiene la culpa, fase sexta: aparece tu parte noble y usas tu escudo para librar a la nancy de ser considerada barbie de esquina), en la última viene lo mejor: compadecer a ese que ahora te mira con envidia y se dejó los balones fuera y las pelotitas bien pegadas dentro. Y, a todo esto, dónde queda la parte de la venganza… Uy, una que me queda, mierda, aún no lo he superado o, tal vez, ¿creéis que sí?
Lo que nadie duda, ahora y siempre, es que a un ex amor, amante o amigo, siempre, siempre, siempre, le deseas la felicidad enterita para él, aunque fuera celoso, machista, te engañara con media oficina o con una sola; fíjate el grado de bondad femenino, le deseas el bien, incluso si nunca supo tener lustrosas tus manzanas, melones o peras, porque si él se ha ido, piénsalo, es porque tú quieres que se vaya, preferiblemente lejos, que la liebre es juguetona y salta el gato.

23.2.12

**Dedos deseantes y deseados**


Llevo dos días mirando dedos, cosa nada obscena, es curioso, porque, precisamente no es el corazón el que conquista mis miradas, sino el anular, el cuarto dedo, el de los anillos y el recuerda promesas. Y os debo una explicación y esa explicación que os debo os la voy a pagar: ¡Mídete el dedo anular si quieres saber si eres macho!, dicen por ahí, como si tuviera que decírtelo su longitud, ¡qué mejor que una lechuza como utensilio comprobador de verdaderas masculinidades! ¡Descaradas!
Hasta ahora, yo había escuchado eso de la atracción que despiertan en nosotras las grandes manos, “es para cogerte mejor”, que diría un jugador de balonmano, pero de los dedos y de sus diferencias esclarecedoras nada sabía. Cuentan que el nivel de testosterona que el feto recibe en el útero materno hace crecer el dedo anular, ganando la batalla de la distancia al índice, pobrecico él, que se ve reforzado cuando los andrógenos nadan a sus anchas por el útero y ¡eureka!, sale niña y dedo señalador campeón.
Es decir, golfillas, vosotras fijabais la mirada en sus manos porque sabíais que los lechucillos con el dedo anular de mayor tamaño que el índice (obsérvense la mano derecha) son más fértiles, atléticos y dotados para dar guerra y me lo ocultabais, mientras estirabais los deditos ajenos buscando un alargamiento milagroso de vuestras últimas conquistas, pues son tan majos…
Así, tras un primer examen, he de decir que mis patas de lechuza común, blanca y pija, dicen, muestran un índice cargadito y un anular ahí, ahí, que pierde por poco. Soy justa hasta para los dedos… excusa perfecta para pretender mandíbulas cuadradas y prominentes para un rato y sensibles, amables y de tipo medio para cuidar polluelos (así escrito, parece posible que me ocurra y todo).
¡Larga vida al dedo anular de metro o metro y medio!

17.2.12

**¿A las mujeres nos gusta el porno?**



¿Y tú me lo preguntas, amor? duro eres tú y nosotras bastante tenemos con tus uñas rasgando corazones una y otra vez. Entiendo que el porno a lo tremendo no se ha pensado en femenino, pero hay quien nos ha confiado un cine de alma soul, cuidado en imágenes y letras, con los orgullos altos y los sentidos arropados. ¡Un regalito desde Suecia con la erótica de Erika Lust!
Otros no reniegan de esas películas de acróbatas e, impasibles al daño, suben niveles en sus apetencias: azote, fusta, correa… Yo, para tu desgracia, he descubierto el peor castigo: quiero que te duela que me quieras, que todo lo que en ti hay de razón se dé la vuelta a favor de una monogamia enfermiza y solo tuya. Es mi vicio tu castigo. ¿Hay algo más inmoral que enamorarse? ¿Más amenazante o perdidamente estrangulador?
Algunas, cansadas de esos lechucillos exencantadores y exqueridos, lo han aprendido y nada más indeseable desean que llenarlos de todo el amor que les quepa. ¡Esto es la guerra, lechucillas! 
Y en ese viaje común estamos: enamorarse duele. Ares contra Marte, Afrodita contra Venus, unidos y en lucha encarnizada, batallas entre amores y guerras, entre pareja, compromiso e igualdad. Guerra con guerra no casa, amor con amor tira a rancio y esa es la regla que contiene y tapa la realidad: el amor agarra por el dolor porque la pareja nunca coincide y es variable: del deseo al hacer y, del hacer, a solo ruido y, finalmente, al silencio. Tú vas, yo ya vengo.
Nos han educado en la espera de un solo ser que nos aporte todo y nos barnizan de ideas románticas, de discreción, de querer a través de las cegueras, femeninas normalmente, y en casa nos omiten el miedo y la pena y la invasión y el disfrute de dar guerra. Mas creces y dejas de creer en pájaros cantores o en vidas que florezcan el día que me quieras, porque el amor está atado al dolor, en lo bueno y en lo malo, dolor de mi cuerpo al quererte, dolor de intentar olvidarte.
A mí no me importa parecer recta, respetuosa y sensata, ni nuestro fin ni sus términos, por eso mis operaciones serán ofensivas, saldremos del camino, seremos enfermos de calenturas, unos locos empeñados en darse guerra: si no podemos escapar a los afectos, buscaremos barros entre cuerpos de azúcar y sal.
Tú mira si mis pies aún se encogen con tus pasiones y yo te uniré con Loctite a las patas de mi cama. Pegar y despegar y volver a pegar entre mis dedos o cogido en mi sofá. Ya que amar duele, al menos que nuestro porno sea de gusto.

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
masdeseisosiete