14.10.10

**Y no es verdad dolor, yo te conozco**


Ni aspirinas, ni ibuprofeno, ni na, si el dolor te puede… enamórate. Y tan fácil. Al corazón triste y sombrío de Machado tuvieron que haberle recetado una pastillita de amor. Pero no de ese profundo, consolidado, con historia, no, sino el del atontamiento de los primeros meses: nueve, tres o uno. Si no hay dinero para especialistas, ambulancias o fisioterapeutas, ¡doctor, inyécteme amor!

Y quién soy yo para renegar de dos investigadores norteamericanos que unieron sus estudios sobre el dolor crónico y los efectos del enamoramiento, respectivamente, al descubrir que no hay malestar que no se pueda olvidar pensando en quien te corteja. Buscaron a personas a las que someter y maltratar, solo un poquito, y que estuvieran en los primeros nueve meses de una relación, no quisieron arriesgar más, y es tal la euforia, el éxtasis y el embeleso… que todo es gozo y placer: y así no duelen los azotes, fustigaciones o tendinitis varias.

Una infección, amigdalitis o empacho… alégrate: ¡lechuza, prescríbete amor!

Mas yo pienso, ¿qué pasa con la subida de la bilirrubina? Venga, yo prometo enamorarme cada nueve meses, pero no sé si compensa: todo el día colgada, blanca, roja o amarilla, con sonrisa etrusca y ojos sensibles. Flacucha y sin apetito nutritivo. Y si pretendes ser madre y te cambian la epidural por la foto del certero fecundador: ahí sí que ya no respondo, me cojo un churro de los de las clases preparto de Tomillo y me lío a mamporros, con mucho amor, eso sí.

8.10.10

** Kiss me, love **


Sensible, tierna y especial, una Norma Jean ahogada tras la cara platino de Marilyn. Incluso ella dudaba de su voluminosa belleza y, resignada a no ser querida, dejó para la intimidad esos “Fragmentos” poéticos que mostraban su inteligencia. Y es que las lechuzas, si dejan ver algo, es solo una insinuación de todo su atractivo interno. Un hombro, una pierna, el intervalo entre unos pechos… no son apenas nada. ¡Tanto y tan bueno!
Sus películas y versos me saben a besos clásicos… llenos de picardías, ideas, literatura. Y, sobre esos mordisquitos en el alma de los labios, me pregunto: ¿queremos novelas oscuras, policíacas, de buscar al ladrón oculto o preferimos esos besos ahítos de caricias, los que susurran sin apenas tocar? ¿Con los ojos abiertos o con la imaginación? Los besos con la mirada cerrada siempre me han parecido más románticos, porque parece que, en la vida, las cosas realmente sentidas se hacen a oscuras. Mas no contaba yo con la imaginación de los lechuzos… Si su pupila azul se posa en nosotras, tampoco será mala cosa que se centre solo en ti y en tu pequeña boca, ¿no?
Es decir, no pongas tan caros tus besos y, si te topas con un buen cuerpo, deja que te cante un lento kiss me love y se llenen de deseo sus ojos, su boca, incluso sus palabras. “Poo pooo beee dooo!”

27.9.10

**Yo que un día te quise siempre**


Quién le dice al corazón que se calle, quién que olvide, quién que no merece la pena sufrir más… ¿Es él el que perdona o es el tiempo el que extraña lo antes sentido? Siempre me ha resultado sorprendente la capacidad de los lechuzos para recomponer su lecho, para dormir el pasado y encontrar un nuevo amor, o lo que sea. Y las bodas vienen sin más, diez años paseando de la mano a una rubia, a la que “quiso siempre”, para casarse, a los once, con la morena que consoló su ausencia. ¡Y no hay más! Roto y cosido.
Pero, mis queridas lechucillas, llega un momento en el parece increíble hasta el propio pasado. Y no es solo que los ex ahora estén con otras de menor o mayor valor, ni que apunten maneras de amante de las grasas polisaturadas, ni que hayan perdido la inteligencia esa que te enamoró… Es que verlos es un no lo creo. Pero todo pasa y todo queda, y ahora que renacen los amores entre mis lechuzas, compruebo cómo nuestra cabeza actúa de forma realmente cruel.
Al principio, el lechuzo en cuestión nos encandila, pero notamos esos defectillos que lo alejan de nuestro canon ideal: es mono, pero… Seguido a esto, un par de "megustas", notitas o mensajitos de amor y besitos en plan ñoño, hacen que pienses “no me lo puedo creer, soy única para él, con tanta lagarta alrededor”.
Entonces, como si de un encantamiento se tratara, nos hacemos chiquititas al mismo ritmo que su grandeza se acrecienta, tal que si fueran colosos del amor, en lugar de tristes maripositas de capullo.
¡Qué diferente es el mundo desde el otro lado del espejo!

17.9.10

**Cosas que hacen que la vida valga la pena**


Ser lechuza impone un carácter resistente a los encantamientos: por muchas palabras bellas, una boca que diga tu nombre, por intenciones… no nos perdemos, solo son películas de amor por las que suspiramos un tiempo corto. Pero si el lechuzo en cuestión deja discursos por besos y olvida vacaciones, amigos, trabajo y otros encuentros por acompañarnos en una vuelta a la rutina que a su lado ya no es tal… Ahí, la lechuza destruye temores y muros, que trabajito nos cuesta. ¡Molaaaa, el amor!

Y del cinco pasamos al dos y, si hay suerte, al tres o al cuatro. Y es así, queramos o no, nuestro apodo sigue tras nuestra condición de mujer, esa para la que no existe ni el “yo” ni el deleite en sí mismo, esa que se pierde pensando en él, en el interés ajeno, en cuidar y procurar la felicidad de quien te quiere bien.

Es difícil, lo sé, necesitarlo, percatarnos de nuestra propia insuficiencia, sentirse seres sociales (tanta cañita me va a matar) y ponerse guapa mirando en el espejo de ese otro que te espera, que siempre espera, pobre (la perfección no se me da bien), tanteando el reloj.

Mordiscos, carantoñas, algún insulto que otro, mi chico, mi niño, mi ratoncito, mi amigo, cari o simplemente él. El que te pone nerviosa y no te olvida, el que por ahora te escucha y cambia planes por ti, el que canta, baila o ronronea. Pequeñas cosas que hacen que la vida valga la pena, aunque, tal vez, mañana llueva.

Volver a casa y saber que estás…

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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