15.10.09

**El príncipe de la argamasa**


Negra y en botella, así es la mente de los operarios de la construcción que pueblan, cual tribu urbana zapateril, cada loseta de las ciudades españolas.
Quién no recuerda el “momento” Coca Cola Ligh, un dechado de esencia masculina, las 11.30, desde entonces, es, más bien, una hora maldita: sin sudores, sin brazos saciados de musculatura y con lechuzos de una sola abdominal salchichera. Podíamos sentir, con solo mirar, las caricias de ese hombretón, su voz, su forma de tratar a una mujer... Apreciábamos cada uno de los roces de su camiseta al ascender y juzgábamos como horas los segundos, sujetadas en el silencio de un I just wanna make love to you.
Mas, a nosotras, la leche del desayuno se nos pone mala teniendo que conformarnos con las arrebatadoras: “pero, Pepe, ¿estamos a tetas o a la obra?”, del Otilio de La Marina o miradas babosas y piropos del tipo: “qué buena estás, maja”. Ay, qué no se quiten la camiseta, que no se la quiten, que van a confundir el llanto con lágrimas de emoción y ya la hemos liado.
Y es que parecía que la época de requiebros y lisonjas desde el quicio del andamio o a pie de obra era cosa del pasado, pero Zapatero, ansioso por salvaguardar el legado español y envidioso del juego de Gallardón, creo su Plan E, de “Ehhh, dónde vas moza” o de “Esperad sentadas al buenorro del refresco”.
Vendrá un invierno seco y poco frío, y yo me alegro de que el clima esté loco, pues intuyo mucho socavón y conducto por tapar y ya se sabe que las lechuzas huimos de charcos y resbalones y amamos más los zapatos que a nuestros lindos pies.

24.9.09

**No permitiré que nadie te arrincone**


Esta lechuza ha mudado sus plumas al blanco y negro, los colores del luto. Grease nos presentaba a un Travolta que, sinceramente, siempre me pareció un insípido tontainas; su gomina y sus caderas, en mi piel, provocaban indiferencia. Sin embargo, Patrick Swayze respiraba diferente, le sobró con un guion sencillo y una música endiabladamente carnal para que Dirty Dancing abriera los ojos lujuriosos de la fea adolescente que todas llevamos dentro.
Ahí estaba la chica normalita, empollona y algo torpe, camelándose a un machote, todo vestido de negro y bien apretadito, dejando los músculos sin respiración, de tanto estrujar: “No mires abajo, a los ojos”, ¿a los ojos?... Toda una lección: ¡nosotras a darle a la cabeza, ellos, al ritmo!
Así crecimos, anhelando que nos llamaran baby mientras nosotras cantábamos: Come here loverboy; mirábamos las aguas del lago sanabrés imaginando acrobacias varias y desnudábamos a los malotes de turno, suponiendo que, en sus piernas, se escondía el ritmo de la música negra. Luego no me preguntéis de dónde me viene el rencor: qué ha sido del lechuzo masculino hasta la extenuación, de ese loco valiente que no permita que me arrinconen, de ese culito respingón... ¡Maaaambo!
La cojera de Norte y Sur tenía su punto, tan combativo él y, aunque en Ghost me perdió tanto amor fantasmagórico, la alfarería adquirió nuevos encantos. Por todo eso, su nombre me sabe a soul y a amores de verano y permanecerá para recordarnos que no hay independencia que nos libre de seguir pirrándonos por cuerpos que segreguen seguridad, aunque sea uniformada.

19.9.09

**Cinco minutos**




El pentagrama, el sello de Salomón, los cinco extremos del cuerpo humano, eran cinco dedos, cinco, una hora fatal, en versos de Lorca.
De toros y muerte va esta lechuza, del mundo de la magia y de los ruidos nocturnos. Y es que asumo que vamos para mayorcicos y mis tímpanos se mueren por la malsana costumbre de los albergadores de la noche zamorana por subir y subir los decibelios de la música de sus garitos.
Y, ahora, llegan los pitones, relacionados con este problema, porque todo esto me suena a táctica de seducción. Que la estrella de cinco puntas invertida es el símbolo del macho cabrío, y, por estas tierras, no son pocos los que lucen semejante aderezo.
Pero el gimnasio, las barras, y bicis voladoras no tienen voz, no te corrigen si fallas, no riñen tus desvergüenzas y el lechuzo, pobre, solo sabe conquistar chocando cuernos, nadie le explicó el significado del verbo o la efectividad de la conversación. Pues, ¡música a tope!
Nosotras, advertidas de este hecho, preferimos no escuchar, ya nos relatarán sus hazañas las amigas de su novia, que son más fiables. Ellos se han quedado para lanzar besos, custodiar señales de tráfico, regalar premios gratificando la asistencia reiterada, acompañar a casa y proponer, con gestos, veladas de mordiscos, vuelos al amanecer, desayunos en la cama. Porque, a mímica, no les gana nadie, oiga, y sin haberlo estudiado.
Y es lo que tiene el mundo de la noche, que nosotras sí aprendemos, y sabemos que, como los rodeos llevan al mismo sitio, hay que dirigir el tráfico: Estoy allí y espero, como mucho, cinco minutos, ¡circulen!

27.8.09

**A curuxa**


Dice un estudio sobre conducta sexual que, si un lechuzo te mira a los ojos menos de 5 segundos, no le interesas, si, en cambio, babea y fija su visión durante 8,2 segundos, ahí lo tienes, jadeante ante tu belleza, pensando solo en ti (queridos, ojos, he dicho ojos). Decididas a seguir explorando y comprobar esta insólita teoría, nos reunimos con otras aves cercanas, nuestras hermanas gallegas: As curuxas.

Un fin de semana para constatar unas mismas carencias, pues, aunque es cierto que la tierra recubre de carácter, la verdad es que los lechuzos se muestran igual de primarios aquí que en Alburquerque. La única diferencia está en que, si aquí llaman tu atención con la frialdad del hielo o con el calentón rural, en Vigo, te apuntan con saladas aceitunas, pudiendo parecer que nuestros aguerridos hombres de pelo en pecho han olvidado que una buena mirada lo hace todo y que necesitamos más ojo y más bala; y qué no, que a pesar de vuestra apariencia de primates y de ser tan monas, los aperitivos y refrescos nos gustan sentaditas, en terraza y, a poder ser, acompañados por atléticos caballeros.
Y qué me dicen de los bizarros lechuzos vascos, esos que nunca dicen basta. Ni los 30.000 preservativos que repartió el Ayuntamiento de Bilbao durante sus pasadas fiestas saciaron su apetito. Así, cincel y maza en mano, dos jóvenes atacaron un expendedor del látex del amor en la madrugada del martes. ¡Eso son ganas, oiga!
Seguiremos volando, buscando una localidad que capte nuestra esquiva atención.

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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