
En época de negras perspectivas, una pensaba que nada mejor que darse al más barato de los placeres, e imaginaba que, con esta hermosa primavera, no habría depresión que pudiera con las “ganas” de nuestros tiernos lechucitos. Y nos las prometíamos tan felices... porque ¡Qué bonito es el amor, más que nunca en primavera! Calorcito, este aire que nos vuelve locos, tanta luz, flores y... azúcaaar. Suponía hasta un nuevo boom de la natalidad, total, para lo que nos echan por la tele...
Jorge Manrique nos igualó en la muerte, en el dolor, en la soledad de esa tierra tan fría, pero, en realidad, el cuerpo ya nos une antes, en la lascivia, en la sensualidad, en un mismo goce; pobres o ricos, guapos, flacos, calvos o tontitos, todos adictos al erotismo y al amor (o cómo lo quieran llamar).
Pero, llegó la crisis y ni ese consuelo nos queda, ya ni cama, ni lavadora, ni centrifugadora se respetan. Uno, dos, tres, cuatro... seis meses y el estrés, la inseguridad, la ansiedad provocan, pero solo insomnio, cansancio, falta de apetito, irritabilidad y tristeza, y no hay guapo que se levante ante esto.
Los especialistas advierten que los más afectados por el bajón serán los varones de entre 35 a 40 años, ¡lo que les faltaba! Lástima, nos obligan a buscarlos jovencitos, qué le vamos a hacer.
¡Venga, chicos, ánimo, arribaaaa! ¡Qué no se diga que estos culitos pasan hambre! Sigo creyendo en vosotros, ¿o no?
¡Abajo los tristes y viva el amor!


