23.3.09

**La crisis del amor**


En época de negras perspectivas, una pensaba que nada mejor que darse al más barato de los placeres, e imaginaba que, con esta hermosa primavera, no habría depresión que pudiera con las “ganas” de nuestros tiernos lechucitos. Y nos las prometíamos tan felices... porque ¡Qué bonito es el amor, más que nunca en primavera! Calorcito, este aire que nos vuelve locos, tanta luz, flores y... azúcaaar. Suponía hasta un nuevo boom de la natalidad, total, para lo que nos echan por la tele...
Jorge Manrique nos igualó en la muerte, en el dolor, en la soledad de esa tierra tan fría, pero, en realidad, el cuerpo ya nos une antes, en la lascivia, en la sensualidad, en un mismo goce; pobres o ricos, guapos, flacos, calvos o tontitos, todos adictos al erotismo y al amor (o cómo lo quieran llamar).
Pero, llegó la crisis y ni ese consuelo nos queda, ya ni cama, ni lavadora, ni centrifugadora se respetan. Uno, dos, tres, cuatro... seis meses y el estrés, la inseguridad, la ansiedad provocan, pero solo insomnio, cansancio, falta de apetito, irritabilidad y tristeza, y no hay guapo que se levante ante esto.
Los especialistas advierten que los más afectados por el bajón serán los varones de entre 35 a 40 años, ¡lo que les faltaba! Lástima, nos obligan a buscarlos jovencitos, qué le vamos a hacer.
¡Venga, chicos, ánimo, arribaaaa! ¡Qué no se diga que estos culitos pasan hambre! Sigo creyendo en vosotros, ¿o no?
¡Abajo los tristes y viva el amor!

19.3.09

**¿Dónde hay pelo hay alegría?**


Ah, no, me niego, no, no, no. No pensamos admitir que vuelva la moda de los hombres velludos.
Mira, que se queden calvos no se puede remediar, es una tara inevitable que, por desgracia, no permite devolución... Pero lo de hacer de su cuerpo una imitación salvaje de la mantita del amor: no, no, no.
En este siglo de las comodidades, de la calefacción y del agua caliente, menos pelambrera corporal equivale a más intimidad e higiene. ¡Fuera la transpiración, ole los brillantes musculitos!Qué viva la cera, ras, y la depilación láser. Total, es una tortura que nosotras llevamos marcada a fuego, ras.
Y, si nosotras podemos... no me van a decir que nuestros hombretones no soportan unos tironcitos de na, ras, ras. Ya sé que ellos, pobres, intentan convencernos de eso de que a más mata, más alegría; pero va a ser que la estética bestia ya no cuela.
Nada por aquí, nada por allá, ni arriba, ni abajo, ni delante ni detrás... Bastante nos esconden sus cabecitas traidoras, como para permitirles que nos oculten esas barriguillas de escándalo. Y que no nos vengan con las afeitadoras genitales, que ya bastante pinchan sus palabras; unos tironcitos... y todos contentos.
Y nosotras, inocentes mártires, que no soportamos su sufrimiento, solo pensamos en lo agustito y fresquitos que van a estar liberados y pelados. Puestas a fantasear, invitadas por este nuevo calorcito de primavera en flor: rasgos latinos, labios carnosos, mirada penetrante, hombros y escotes masculinos y ¿peludos?, agg. Y es que el láser es al hombre como un buen primer beso: un tentador anzuelo para el amor.

12.3.09

**Marcando el territorio**


No hay troncos, ni ruedas ni urinarios que puedan contener todo ese caudal, ese líquido ámbar que nuestros lechuzos provincianos esparcen por calles, piedras y elementos varios. ¿Tanta es la urgencia o es la mejor de sus armas de seducción?
Y es que, por lo visto un fin de semana tras otro, es tan poca la evidencia de sus feromonas, que solo consiguen mostrar su esencia masculina, sembrando los terrenos zamoranos con sus embriagadores y varoniles orines. Y nosotras, ahí, hipnotizadas por sus posturas de sensualidad plena, deseosas de que sus higiénicas manos repasen nuestros cuerpos, esperando que, al igual que han olvidado dónde está el baño, olviden nuestro nombre, nuestra cara, nuestra casa... y pegen la vuelta.
Iglesia que ven, iglesia que mean. Y no es que nosotras estemos consagradas a nuestros templos, pero es que ya les huele: a ellos, a nosotras y a todo el pobre que decida pasear por nuestras bellas rúas. El más sacrificado en pos de sus necesidades: el callejón de Los Herreros. Regatos, ríos y afluentes recorren, calle abajo, nuestras suelas y tacones. ¿Y quién se atreve ahora a decir que nuestros lechuzos no son puro macho? “Macho, macho man”.
Así, aún teniendo deseos de redimir sus secretos, de sentir sus pasiones; escapamos, con un fino orgullo presumido, y los dejamos con sus eternas miserias. Podían, al menos, ser tan pulcros como los gatos y lamerse... las heridas en soledad.
Hasta que se les pase el celo, nosotras meditaremos, como juncos huecos, aullando en la noche.
“Vete, olvida mis ojos, mis manos, mis labios, que no te desean..., olvídate todo, que tú, para eso, tienes experiencia”.

6.3.09

**Una dama del amor**


¿Por quién suspiras, princesa? ¿Quieres oír un “me gustas”, un “no me olvides”? Párate, piensa, escucha… ¿Lo oyes? La vida te contempla y te sonríe. ¿Lo notas?
Tienes un corazón guardado, aún, esperando disfrutar sin pensar en la mañana, la semana, el año… Tus labios no caducan, brillan ante los placeres, conservan tu serenidad, tu belleza y se crecen de más juventud.
Y eres ave soñadora, de esas que admiran lo semejante, lo similar, lo homogéneo… de esas que buscan en el nido su cuidado y sustento. Pero los sueños, sueños son, y no te permiten ver lo que se esconde detrás de tu refugio y te conducen a un retiro ya caduco. Y quieres bailar, y te paras; y quieres éxtasis, ternura, calor; y regalas tu mantita a quien sabes que no te merece.
Eres tierna, suave, delicada y encendida, ardiente y delirante. Crees que has salido derrotada, pero yo creo que has ganado batallas que tú hiciste nobles. Te crees triste, pero ¿de verdad lo eres? Mira y observa.

Siempre serás una dama del amor.

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
masdeseisosiete