6.11.08

**Sin más pretensión que amarte**


Los cabellos que eran sol han oscurecido, los cuellos de cisne y la tez de azucena se pierden en el tiempo, ya no somos su Aurora ni su descanso, no existen guerreros ni conquistadores y, así, poco a poco, se han ido perdiendo las divinidades y las ninfas del deseo. Ya solo queda lo visible, mujeres mujeres, ni honestas, ni castas, ni esclavas. Y puesto que el ahora exige simplicidad y piedritas que señalen el camino, vamos a ponerlo fácil y a concederles una revelación: ¿Qué buscamos en un hombre?
Si nos ponemos a escuchar a las típicas cursis o leemos sus comentarios en las “revistas de mujeres” entenderemos dos puntos fundamentales: queremos "casarnos" con un hombre familiar, que nos regale cosas, atractivo, galante, cariñoso… y estamos ciegas. A mí que me expliquen qué tiene que ver el amor con todo eso. Si fuera un sentimiento racional…
Lo cierto es que, al final, acabamos colgadas del primer panolis que nos haga sentir especiales, atractivas, diferentes al resto, porque, por desgracia, nuestra lucha no es con ellos, es con nosotras mismas y nuestro ego. Si un lechuzo nos acelera el corazón con solo mirarnos, pero es invisible para el resto de lechucitas, mal. Si un lechuzo seduce a todas y acaricia con sus palabras sus oídos, ufff, ahí sí sale el “¡madre, madre, como está!”. Como lo de generalizar no va con nosotras, es cierto que esto no siempre se cumple. Lo que no falla es que da igual lo que busquemos: un padre, un amante experto, fidelidad… Llega un punto en el que no sé por qué, enterramos todas nuestras pretensiones y olvidamos que ese que nos encandila no será nuestro compañero ideal o no quiere repartir su apreciada semilla, que no es delicado ni detallista, que no nos valora ni ama, y seguimos soñando con él, simplemente, porque no lo podemos tener.
Pero si me preguntáis que quiero yo, la más anciana, la más perdida, la más; os seré sincera: deseo seguir conociendo y aprendiendo, me atraen las ganas de vivir y de descubrir lo diferente, no me gusta el reposo de la provocación, no disfruto con la apatía ni con el todo ya está hecho. Quiero hormonas desbocadas, palabras licenciosas, regalos inconscientes. Me aburre la perfección y la facilidad. Mas, finalmente, solo una cosa me conquista: el vicio de sentirme amada.
Lechucitas, esperamos vuestras respuestas

31.10.08

**Noche de viudas negras**


Ese bichito repugnante que aplastamos sin piedad bajo la suela de nuestros monísimos zapatos, empieza a mostrarse, ante mis ojos, como una hermana más. Así, llega un momento en la vida en el que la pregunta es clara: ¿Mantis religiosa o viuda negra?

Por desgracia, la mayoría de nosotras dejamos escapar a nuestros machos para que se arrimen, una y otra vez, a una nueva dama negra de la virtud. Mientras la mantis religiosa aturde y devora al maridito de turno, siempre ha habido calzonazos; nosotras, cual viudas negras, mordemos a las pequeñas arañitas macho e inyectamos un veneno que, las más de las veces, les permite escapar de nuestra voracidad y dejarnos insatisfechas y con el vientre vacío.

Pero, ay de la ocasión en la que el fecundador se afana en la tarea y nuestro líquido demoníaco paraliza su abrillantada musculatura; nosotras, intrepidas tejedoras, cercenamos toda su masculinidad para comernos lentamente todo su oculto potencial y absorvemos su escasa inteligencia, inutilizando hasta su capacidad para el lenguaje.

Así, mis queridas lechucitas, si alguna vez os cruzáis con uno de estos especímenes y ni alza la mirada ni demuestra que sabe saludar, enredado en el brazo de su nueva novia, esposa o amante, no os preocupéis y saludarla, a ella, con un signo de alabanza, por fin ha descubierto que ellos no son más que un buen alimento y que vale más su silencio que su retórica.

¿En una noche de apariciones y recuerdos sepultados, encontraremos un disfraz conforme a nuestras intenciones? ¿Morderemos labios con nuestras bocas rotas?

Vamos a matar fantasmas y a hacer cosas malas.

27.10.08

**Planto a la lechuza encanecida**


Llegará una edad de tinieblas, de arrugas en el alma y en la piel, de recuerdos de belleza e inocencia. Olvidaremos la sensualidad y el erotismo, mientras perdemos la batalla con un cuerpo que ya no habla de juventud.
Pasaremos por la calle y no nos mirarán, nuestras canas serán el símbolo de nuestra decadencia. Olvidarán nuestro nombre y nuestras caricias serán ásperas e inútiles. Blandos, fofos y caídos, nuestros pechos ya no elevarán nuestra belleza.
Los parques columpiarán a los hijos que nunca tuvimos y las lágrimas consolarán los instantes de amantes perdidos. Extraviadas las facultades, derrocharemos despistes y erraremos los caminos.
Pero los años de placeres que han dejado estériles nuestros cabellos, los bailes, besos e ilusiones; la holganza y la provocación en nuestros cuerpos, sostienen nuestro pasado y no abandonarán nuestro futuro.
Confieso que existe una lechuza de rostro impasible y su presencia es todo un ejemplo de cómo conservar belleza, dignidad y carnes prietas, a pesar de los años de abandono a la perversión y al desorden. Canas, calvas y fragancia de tabaco oculta su osamenta, mas, en sus entrañas, crece perenne la amistad que, guardada en ella, no es sensible al paso del tiempo.

Te esperaré en la residencia, con el gotero y la piel de sandía en mi regazo.

23.10.08

**Feromonas de seducción**


¿Involucrada en el reto de la conquista?, ¿perdida dentro del mundo de la seducción? Los versados en esto de la atracción y el amor (llamémoslo así) llevan años estrujándose las neuronas para ofrecernos unos mandamientos elementales: Lo primero digno de destacar es que no deben notarse tus depravadas intenciones, eso sí, mientras disimulas, nunca olvides lucir tu cuerpazo, parecer más joven (no nos engañemos, algunas ya lo tienen bastante complicado), natural...; si te habla, mírale a los ojos, parecerá que te interesa su conversación y se sentirá importante (angelico); busca la soledad en vuestros encuentros, porque la belleza no es nada, nada trascendente para un lechuzo, y, podría descubrir que tus amigas son más imponentes que tú (algo inverosímil) o que llevan adosado el don de la asimetría, y esto puede alterar sus primeras impresiones sobre tu desbordante hermosura.
Nunca te olvides de sonreír; si ya no te saluda: sonríe; que ni se acuerda de tu nombre: sonríe. Tienes que mostrarte independiente, segura y femenina (y con alas, como buena lechuza) y, a la vez, necesitada de sus caricias (umm). Trata de demostrarle que vuestros gustos, aficiones y estilo de vida son similares (viva el mundo del motor).
Y si, después de arreglarte, cargarte la amistad con tus amigas, desgastar la tarjeta de crédito en boutiques de moda, sufrir rigidez muscular de tanto reír y reír mientras le guiñas un ojo, mostrarte fresca, interesante, sumisa y sensual, hábil conversadora, especialista en fútbol, maternal, dulce e insaciable...; na de na, continúa con tu esperado sometimiento y llora abrazada a la almohada... ja, ja.
Somos química y, si no la hay, a buscar otra pócima que acelere tus latidos y, cuando ocurra, no le demos la espalda, lo demás, ya lo iremos viendo.

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
masdeseisosiete