17.2.11

**Regalos por San Fermín**



Bombones del negro al blanco, cortaditos, capullos y capullos de rosas, plantas variadas, ropa interior y antifaces de encaje, todo para mostrar tu cándido amor ante el mundo y, de entre todos, por eso de requerir cierta habilidad en el consumo, gana el sirope de chocolate, aunque, para gustos, la frambuesa.
Y ya que no está el mundo para condenar la inocencia, por qué íbamos a impedirles a los emparejados la celebración de su milagro, si consolamos a los niños con otra magia similar todas las Navidades: los juguetes y regalos de enamorados son descendientes de esa misma ilusión, y sin llamar a nadie iluso.
Lo que no parece correcto es que el desengañado no tenga su propio día, como si una cabeza astada ya fuera suficiente ofrenda, o los impares de uno, tres o cinco, que de todo hay, no pudieran manifestar su servidumbre ante el deseo… Puestos a buscar una ubicación en el santoral, San Fermín parece el mejor, por ser el más hacendoso en eso de evitar que los cuernos dañen de más a los valientes atletas del amor. Y todo son ventajas, que el 7 de julio cada uno se regale a sí mismo, y todos contentos. Imaginad cuántos enamorados en febrero serán medias desparejadas con los calores de julio. ¡Y que vivan San Fermín y el amor!
Es lo que tiene eso que llaman quererse, que da para mucho, por el lado de lo bueno, y de lo malo, y a pesar de los golpes, de los regalos que indican un olvido más que un credo, de tantos nombres que pasan por tu vida y solo dejan el roce… A quién no le apetece un dulce de vez en cuando, aunque solo sea un poco de carbón azucarado.
¡Cuidado con las caries, lechucitas!

10.2.11

**Si es tan solo amor**


Las ganas de flagelarse ante el Día de los Enamorados son irresistibles y ese presentimiento de llegada del tiempo del amor se ha ido mostrando curioso en sorpresas: un golfo que abre su alma y enloquece de pasión; niñas con bolsos coderos, labios rojos y pelos de otros tiempos que conducen al matrimonio; cantautores que se quedan sin voz por la magia de una Morgana de la moda; veladas de tapersex para erotizar al amante fiel y hogareño, y tantos cazadores cazados sin remisión… ¡Ay, vida cruel y oscura, devuélveles la libertad!
Y es que está de moda, lechucillas, enamorarse, volverse loco por alguien que cancele tus miedos, que casi te obligue a huir porque te rompe por dentro, a gritar de impotencia ante la emboscada de su yo, alguien que te irrite, que te dañe el corazón… Nos hablan de la hora de necesitar ser necesitado, de escribir corazones en la arena e ignorar lo que se abandona. ¡Tómame, felicidad!
Una vez perdido todo el mío por un tuyo, si tus palabras te parecen pequeñitas y 500 mensajes son pocos sin su voz para dormir, amiga, date por enganchada a sus besos. Prepárate para que el calor te ciegue, para el palpitar de labios y la risa apresurada. Ante esto, qué más que hundirse en el celeste: roza tus alas calientes y quiere como nunca a ese pobre ex libertino que te acaricia. ¡Vive, toca, lame, vuela, enciende y palidece!
Amándose fuera del tiempo y lugar, si es tan solo amor, al menos espero quemarme.

3.2.11

**Patata frita**


Mermelada, güisqui, a la italiana famiglia o nuestra patata sin más, palabras con las que imitar una sonrisa y volver a cierta inocencia de las de “que no daría yo por tener”. Todo era muy diferente en el patio del colegio, en los parques o cumpleaños infantiles, cuando perseguías al niño de los rizos rubios, “el encanto de las nenas”, o al moreno de intenso azul y no sabías por qué, porque era bruto y tonto, pero gracioso, y te hacía sonreír, aunque le pegaras jugando al rescate, porque lo de “tío bueno” era un concepto que no manejábamos, pero el de “interesante”... nos martiriza desde la cuna. Ya se le veían al niño artes de capullo redomado, seguramente, y nosotras pretendíamos su educación para el mundo posterior: a muchas volverás locas, otras intentaremos provocarte… dolor, a ser posible, dejándote tatuado algún que otro nombre de mujer.

Y qué sonrisas, lechuzas, sin más complicaciones, sin embustes ni tapujos, un amigo, sin necesidad de morir por él, al que mirar a los ojos sinceramente, al que demostrar y mostrar sin más, como pececitos rojos entre burbujas de amor, de esos que no precisan licores para besar ni palabras para amar, de los que olvidan si algún día no llegas, porque te esperan igual.

Ahora, ya no podemos fiarnos de juramentos y desconfiamos de los cisnes disfrazados de Zeus, pues pocos dioses nos han dejado en este mundo de pájaros. Nuestra condena futura será la de Helena, víctimas de la seducción y el arrepentimiento, nos seguiremos enamorando de los príncipes de Troya, del Paris conquistador de las pequeñas ninfas, que nos arrancará los sentidos a la espera de ser rescatadas por un buen caballo de guerreros espartanos.

27.1.11

**Los unos a los otros**


Manía han cogido, oigan, estos pollitos zamoranos con usar los puños, las navajas y su malsana lengua antes que el ingenio o la razón. Lechucillos, es “amaos”, quién dijo “pegaos”. Nosotras, como buenas lechuzas, llevamos el amor cosido a las alas e intentamos querer por igual, pero, por mucho que lo pretendamos…, doce veces al año, un tembleque raro, una disfunción nos hace apreciar en exceso a los lechuzos atractivos, las mandíbulas para mordisquitos, las barbillas prominentes, las frentes definidas… Mas no seáis malvados, solo nos pasa una vez al mes, en plena fertilidad ovárica; como si el resto de los días descansaran nuestras trompas y amaneciéramos tontas de remate.

Esto dicen unos científicos sesudos, que aseguran que, aunque tengamos pareja, si no cumple esas condiciones del galán fornido y hermoso, durante esos momentos de virulencia estrógena, nuestros ojos, nuestra boca y nuestra mente se trastocan al compás de las buenas posaderas. Y aún se sorprenden de que no busquemos inteligencia, ¿será nuestra vena maternal? ¡Ay, pobres niños perdidos!
Divulgada nuestra excusa, ahora la pregunta es: ¿Cuándo ellos se ponen gallitos e inician peleas, también están ovulando o su tontuna es imperecedera y les dura un día sí y otro también? Porque espectáculos de navajazos y del poco aprecio a la vida o de incluso peleas con niños sin pelo en pecho… ¿son una muestra de hombría? Muchas pesas, mucho cuerpo, pero dónde está la cabeza.
Menos mal que, ahora que solo una lechuza se deja al amor, las demás tenemos tiempo de elegir a quien no querer todavía.

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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