12.7.12

**Se me ponen rojitas las orejas**

Amo, luego existo y sí, a veces se me encienden hasta las orejas, de tanto admirar. Tampoco sería novedoso que mi pelo jugara al escondite con el sol y me chamuscara, de tan despacio, pero hoy prefiero que el rojo se suba con la pasión y pedir que me comprueben su grado tocándome las orejas, ombligo o talle.
Y ese es el tema, que las lechuzas somos más de mirar al suelo que al cielo y, en el suelo, da gusto encontrarse a quien es capaz de ponerte rojita por piezas, cuartos o enteros, tanto si te besa como si te pone en modo convexa a poca distancia, como si el cuerpo conectara todas sus partes, las del alma y los ápices que sobresalen por fuera.
Estoy segura de que a cada uno se le enciende una diferente, pues las lenguas, calenturas y gustos nada tienen de contable y sí mucho de libre albedrío.
Y si todos sabemos que el amor quema, palpemos, tacto a tacto, para ver qué se enciende, por dónde sale el humo que tanto atraganta respiraciones y alas.
En mi caso, he de decir que el amor produce en mí el efecto de volar: imaginad, una lechuza ardiente por las orejas, con las plumas huyendo entre la piel para no confundirse con ese carbón que ya no vuela. Y creo que esto me pasa porque mi amor es bajo como el averno y el fuego se me muestra en las orejas. ¡Tan calentitas!
Así debe ser la pasión: trepadora de cuerpos, sin cerebro, ni migajas mendigadas de cariño, sin aguantar más que lo justo y con pocas pruebas, que todos desconocemos nuestro límite y ninguno es de nadie, pero todos somos de todos.
Amantes, pasión, cariño, algo extraordinario que nos quita tiempo y mente, pero nos hace buscar nuevos amigos. Fíate de tu radar, lechucilla, que nos sienta bien y es un gusto dejar que nuestro cuerpo investigue, busque y vibre.

5.7.12

**La generación Casillas**



Son estas pequeñas cosas del fútbol las que dan vidilla y algo de ganas de tirilili a quien las tiene y al que no las tiene habitualmente. ¡Tiempos de goles!
Es cierto que soy lechuza futbolera, de las de morderse las uñas, la camiseta y a alguno de la Roja (los guapos, si llega el caso de elegir) y en esto no busco razón, ni intelecto, aunque sí algún buen pase de tarde en tarde y, para eso, no me negaréis que hace falta habilidad mental y buenas piernas: y no hay más que pedir, pues las flaca nos conformamos con mendrugos de pan que llenan mucho menos que un buen goleador.Luego las hay listas que pasan del unicolor carmín a los colorines de hombres muy hombres. ¡Si tienes un armario ropero, qué se vea, qué se luzca, qué use flores, ya los gritos chillones los pones tú a golpes de uñas!
Y no sé si es por la buena grupa que imaginamos con forma de futbolista, pero esto del balón y los pies son el deporte de este país, por dinero, por afición y por ser el único que vacía las calles. Cierto es que hay quien no entiende que uno puede ser tonto y odiar este juego de merengues, granates, azules y rojiblancos o puede ser listico, informado y pegado a la tierra y volar con los goles de Iniesta, el Niño e incluso Llorente, si le dejan. Un gusto no excluye a lo otro, ni viceversa.
Y del gol viene el penalti y del juego el baby boom. Las victorias unen y del nexo a la alegría… surge otra generación, esperemos que no tan perdida. Ya cuentan que ganar el Mundial supuso un incremento de la natalidad, nueve meses después, del 45%, un “baby gol” en toda regla. Y, si de alegría se trata… ¿qué pasará tras este San Pedro? Con el calor y el alcohol me gusta todo de ti, pómulos, cuerpos, hasta axilas, coxis y omoplatos; en julio y agosto, nada impide y sí acelera acelera.

28.6.12

**Mi pis no huele**

Yo no digo que las fiestas borracheriles de San Pedro no tengan su gracia, ni se me ocurre protestar contra la idea de trasladar las peñas rurales a la capital zamorana, colorines varios, jarana baratita y la ciudad llena de ambiente. ¡Qué más! Nuestras Ferias y Fiestas han rejuvenecido, cierto, vivimos un renacimiento estival, con queso, vino, mojando pan y olé.
Amores, legañas, tardes, noches y otra vez mañana, bajando y subiendo pantalones, poniendo y quitando camisetas, mordiendo y abrochando manzanas por los rincones. ¡Nada cotidiano!
Pero hay una cosa clara, que hosteleros, vecinos de la Plaza Mayor y alrededores entenderán: ¡No estamos preparados para ser la ciudad del botellón! Primero: no hay contenedores para tantos plásticos, ni baños públicos suficientes para vaciar las vejigas espirituosas, rápidas, rápidas. Segundo: un día de colegas borrachos y gritones, vale: dos, aún te ríes; tres, piensas, estamos en fiestas, son jóvenes; si se suman cuatro días, te acuerdas de su familia y, al quinto, mejor que la alcaldesa no se aparezca o que no te multen los municipales, porque también surgirán varias familias entre tus recuerdos.
Si hay juerga, una lechuza siempre andará que se andará cerca, por lo del sonambulismo y cacería nocturna, que el cuello sencillo se roba fácil, aunque el sabroso es el que se oculta, entre las matas. Por pensar en recogerme no vienen mis quejas, pero sí creo que hemos trasladado tradiciones de otros lares de forma rápida y sin control, ya no hay stop: si mear en el campo no es más que un riego enriquecido, en las calles de piedra y monumentos varios, tu pis huele, corre y molesta y juntado con 4.000 y el calor… ¡Rico, rico! Si en los pueblos hay bodegas y locales que recorrer, para ir bebiendo, aquí no más se recorre un camino: de Santa Lucía al súper botellón frente al ayuntamiento ¡a que mola!
Recomiendo, para futuras ocasiones, que el macro súper botellón se realice cada día en una plaza, por eso de ir repartiendo, mal de muchos… consuelo de todos.
Mas si vemos que la cosa no funciona, podemos vivir más de noche que de día, soñar más despiertos que dormidos, beber más, mucho más de lo que deberíamos y ¡qué vivan San Pedro y las llaves de la Gobierna!

22.6.12

**Ñan, gru gru, plas**


Llega el verano y las mismas imágenes me saben a sal y sol: lechuzo guapo en una barquita, en pleno Mediterráneo, amarrando lentamente, sin hablar, sudor limpio, un todo blanco y azul. Olas y perfume, ni sé ni espero saber el nombre, pero ¡eso es verano! Ha llegado, por fin, y lo podemos sentir: en palomas, palomos, perdigones y algún que otro chapuzón. ¡Sálvese quien pueda! ñan, gru gru, plas.
Dicen que las mujeres en general, de las lechuzas no hay estudios, después de ser gratificadas en placeres, tienen querencia por buscar el consuelo de Morfeo. Vamos, que es darse un gustito y quedarse dormidas. Y yo tenía entendido que justo era al contrario: el lechuzo lo da todo y cae cual ceporro, como si fuera el último esfuerzo, como si hubiera terminado con todas sus existencias para el amor nocturno. Y el cielo es azul, azul verano, finalmente, y el sueño viene más rápido, pobre.
A pesar de estar explotados, de vivir aplastados por sus propios slip, estos señores durmientes no me dan pena, pero el humor estival me permite una bondad: ¡Bendito el que acompaña a Morfeo para nuevas fuerzas; bendito el que confiesa al dios del sueño el último disfrute y sus quereres; bendito el que agarra la almohada por no apretarte de más, bendito el que calla, pero piensa; bendito el que ronca porque le sale la sonrisa en respiros profundos! ¡Bendita yo, que también duermo!
Volviendo a los calzones, ¿apretados o ligeros? ¿estranguladores o liberadores? Los hay que pretenden que sus pesados recipientes caminen juntitos y conozco lechuzos que prefieren ir señalando a los lados, siempre desatados. Yo solo os cuento: a más apreturas... menos movilidad reproductiva. ¡Cuidadito!
Lechucillas, verano, veranito, libertad y pieles mojadas...

** LAS LECHUZAS PUBLICADAS **

 
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